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La escritora catalana afincada en Madrid desde hace 50 años Angelina Gatell, siempre comprometida en la lucha contra el franquismo, nos ha hecho llegar este poema:
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A QUIEN CORRESPONDA
devuélvenos
también
nuestros cadáveres,
enséñanos
también
los asesinos.
Ángel González
Una vez más quiero volver al tiempo
del que siempre hablaré
porque le pertenezco
como el azul al mar,
como la luz al alba.
Y quiero
bajar a su memoria
como quien baja
al sótano que guarda
objetos, actos, versos, actitudes,
días, que con frecuencia hojeo
como páginas,
y con ellas pegadas a los dedos
salgo a la calle, aparto con denuedo
la oscuridad y pregunto,
-por si alguien lo supiera-
dónde están los cadáveres,
desde dónde nos mira
la ausencia de sus ojos,
en qué lugar esperan
la cercanía de una rosa,
su fragancia vedada por la ira,
el aire
que disipe el silencio.
Y pregunto también
los nombres de los asesinos,
aunque los sepa bien, sílaba a sílaba,
pero los quiero dichos en voz alta,
a gritos,
no guardados con celo en sus estuches
de dorada penumbra
desde el instante mismo en que el invierno
dejó caer su frío sobre el suelo
que ya nunca fue patria,
sino desgarradura.
Muy pocos saben de qué hablo.
Sin embargo, no falta quien se aleje
obviamente molesto.
Y están los que, confusos,
se llevan a los labios
el índice gastado por el miedo
y se alejan también
aunque más lentamente,
no sé, quizá afligidos.
Otros, susurran evasivos: hace
ya tanto tiempo... Y vuelven la cabeza,
como si alguien de pronto los llamara.
También los hay que opinan sin sonrojo,
como haciendo equilibrios
sobre el filo de la conciencia,
que sería mejor dejarlo todo
dormido en el sosiego,
cubierto de benignos crisantemos
y así nadie podría
dañarse con su roce.
Después se van a Roma y, conmovidos,
debajo de los pórticos
donde Bernini,
hace ya más de cuatro siglos
guardó la luz del mármol,
recogen, con unción, sin miedo a herirse,
los nombres trémulos de gracia
de otros cadáveres,
los guardan en sus dijes con cuidado
y sonríen en paz.
No consigo entenderlo. Escucho. Miro.
Me quedan ya muy lejos las palabras
que con el tiempo cambian de sentido,
y acomodan sus dúctiles metales
a la oscilante
valoración de los conceptos.
Y más lejos aún, mucho más lejos,
perdida entre la niebla,
la luz que fue habitada por la idea,
o el aroma, no sé, tal vez por nada.
No consigo entenderlo.
Reúno amargamente mis preguntas
y releo las páginas
donde mi tiempo amarillea y sufre.
Como yo está cansado. Y como yo no entiende.
Y como yo, se niega a ser destruido
por esa desmemoria
más grave que el olvido porque en ella
crece y se ramifica,
estercolada por la indiferencia,
la planta obscena
de la conformidad y el beneplácito.
Angelina Gatell
(Poema leído en la Biblioteca Nacional, Madrid, 27 de septiembre 2008)
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viernes, 14 de noviembre de 2008
sábado, 13 de septiembre de 2008
Un poema y una nota. Andrés Trapiello.
Un poema y una nota
Andrés Trapiello
Madrid (Número 2. Cuadernos de la Casa de la Cultura. Valencia, 1937)
¿Qué te hace valioso?
¿Tu extremada rareza codiciada?
¿Haber sido editado en plena guerra?
¿El que tan grandes hombres como en ti comparecen
al final la perdieran, y pagaran
con destierro y exilio su trabajo?
¿El que la paz que sobrevino luego
les persiguiera a muerte
destruyendo su rastro entre los vivos?
Imposible mirar hoy tus estampas
o leer tus artículos
sin que a uno le invada nuevamente
un íntimo desánimo,
tal vez incomprensible para muchos
ya que aquello pasó y está olvidado...
¿O acaso no,
y esta emoción es algo más que el aura
prestigiosa de toda lejanía?
¿De dónde la alegría de encontrarte,
si aquello de que tratan tantas páginas
son negocios bien tristes?
¿Tan penoso es el mundo, que volvemos
con nostalgia al pasado
igual que el niño huérfano que sólo
puede hallar un consuelo
junto a la estrecha tumba de sus padres?
La ilusión traes contigo, sin embargo,
de que el pasado está aún por escribirse,
de que quizá nosotros
pudiéramos también ser concebidos
de nuevo y alumbrados a una vida más plena
que esta que conocemos, siendo al fin
hijos de otro país y de otro siglo.
Eso acaso nos dices en tu lengua pajiza
llevándonos a un sueño, como un mapa
que tiene de tesoro lo que de laberinto,
y de derrota lo que tiene de vítores.
Nota.
El origen de estos versos está en el encuentro con ese hoy rarísimo número de la revista Madrid, que editó en Valencia la Casa de la Cultura, en 1937. El poema, dedicado a Abelardo Linares que me lo regaló, habla de la imposibilidad de mantener cerrado el pasado, en la literatura o en la vida. La mayor parte de quienes están a favor de las recientes exhumaciones de las víctimas de la Guerra Civil y la posguerra sólo desean dignidad y respeto para ellas, no ganar una guerra que se perdió tantas veces en Badajoz, en Paracuellos, en Málaga, en Sevilla, en las checas de Madrid o en tantos lugares españoles. Sin la menor duda también: la mayor parte de quienes se oponen a esas exhumaciones no tienen a padres, hermanos o parientes queridos en una fosa común o en una cuneta. Lo preocupante es precisamente eso: que no quieran que aparezcan los cuerpos del delito. Nuestro deber moral es llegar hasta ellos y darles una sepultura adecuada, ni un paso más, dejando de lado exaltaciones y desde luego mixtificaciones interesadas. Sabemos que todos fueron víctimas, pero a menudo no estamos seguros de quiénes fueron además verdugos.
Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953). Su última novela es Al morir don Quijote (Destino) y ha editado recientemente el libro La manía (Pre-Textos). En otoño publicará Troppo vero (Pre-Textos).
Andrés Trapiello
Madrid (Número 2. Cuadernos de la Casa de la Cultura. Valencia, 1937)
¿Qué te hace valioso?
¿Tu extremada rareza codiciada?
¿Haber sido editado en plena guerra?
¿El que tan grandes hombres como en ti comparecen
al final la perdieran, y pagaran
con destierro y exilio su trabajo?
¿El que la paz que sobrevino luego
les persiguiera a muerte
destruyendo su rastro entre los vivos?
Imposible mirar hoy tus estampas
o leer tus artículos
sin que a uno le invada nuevamente
un íntimo desánimo,
tal vez incomprensible para muchos
ya que aquello pasó y está olvidado...
¿O acaso no,
y esta emoción es algo más que el aura
prestigiosa de toda lejanía?
¿De dónde la alegría de encontrarte,
si aquello de que tratan tantas páginas
son negocios bien tristes?
¿Tan penoso es el mundo, que volvemos
con nostalgia al pasado
igual que el niño huérfano que sólo
puede hallar un consuelo
junto a la estrecha tumba de sus padres?
La ilusión traes contigo, sin embargo,
de que el pasado está aún por escribirse,
de que quizá nosotros
pudiéramos también ser concebidos
de nuevo y alumbrados a una vida más plena
que esta que conocemos, siendo al fin
hijos de otro país y de otro siglo.
Eso acaso nos dices en tu lengua pajiza
llevándonos a un sueño, como un mapa
que tiene de tesoro lo que de laberinto,
y de derrota lo que tiene de vítores.
Nota.
El origen de estos versos está en el encuentro con ese hoy rarísimo número de la revista Madrid, que editó en Valencia la Casa de la Cultura, en 1937. El poema, dedicado a Abelardo Linares que me lo regaló, habla de la imposibilidad de mantener cerrado el pasado, en la literatura o en la vida. La mayor parte de quienes están a favor de las recientes exhumaciones de las víctimas de la Guerra Civil y la posguerra sólo desean dignidad y respeto para ellas, no ganar una guerra que se perdió tantas veces en Badajoz, en Paracuellos, en Málaga, en Sevilla, en las checas de Madrid o en tantos lugares españoles. Sin la menor duda también: la mayor parte de quienes se oponen a esas exhumaciones no tienen a padres, hermanos o parientes queridos en una fosa común o en una cuneta. Lo preocupante es precisamente eso: que no quieran que aparezcan los cuerpos del delito. Nuestro deber moral es llegar hasta ellos y darles una sepultura adecuada, ni un paso más, dejando de lado exaltaciones y desde luego mixtificaciones interesadas. Sabemos que todos fueron víctimas, pero a menudo no estamos seguros de quiénes fueron además verdugos.
Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953). Su última novela es Al morir don Quijote (Destino) y ha editado recientemente el libro La manía (Pre-Textos). En otoño publicará Troppo vero (Pre-Textos).
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