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La Iglesia y la represión franquista
JULIÁN CASANOVA 26/11/2008
La tragedia de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco se ha convertido en las últimas semanas en el eje de un debate social, político y judicial. Con ese recuerdo, ha revivido de nuevo ante nosotros el pasado más oculto y reprimido. Algunos se enteran ahora con estupor de acontecimientos que los historiadores ya habían documentado. Otros, casi siempre los que menos saben o a los que más incomodidad les produce esos relatos, dicen estar cansados de tanta historia y memoria de guerra y dictadura. Es un pasado que vuelve con diferentes significados, lo actualizan los herederos de las víctimas y de sus verdugos. Y como opinar es libre y la ignorancia no ocupa lugar, muchos han acudido a las deformaciones para hacer frente a la barbarie que se despliega ante sus ojos.
La jerarquía loa a sus mártires y exige que se olvide a los que fueron asesinados con su bendición
En realidad, por mucho que se quiera culpabilizar a la República o repartir crueldades de la Guerra Civil, el conflicto entre las diferentes memorias, representaciones y olvidos no viene de ahí, de los violentos años treinta, un mito explicativo que puede desmontarse, sino de la trivialización que se hace de la dictadura de Franco, uno de los regímenes más criminales y a la vez más bendecidos que ha conocido la historia del siglo XX.
Lo que hizo la Iglesia católica en ese pasado y lo que dice sobre él en el presente refleja perfectamente esa tensión entre la historia y el falseamiento de los hechos.
"La sangre de los mártires es el mejor antídoto contra la anemia de la fe", declaró hace apenas un mes Juan Antonio Martínez Camino, secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal, en el fragor del debate sobre las diligencias abiertas por el juez Garzón acerca de la represión franquista. "A veces es necesario saber olvidar", afirma ahora Antonio María Rouco. Es decir, a la Iglesia católica le gusta recordar lo mucho que perdió y sufrió durante la República y la Guerra Civil, pero si se trata de informar e investigar sobre los otros muertos, sobre la otra violencia, aquella que el clero no dudó en bendecir y legitimar, entonces se están abriendo "viejas heridas" y ya se sabe quiénes son los responsables.
Franco y la Iglesia ganaron juntos la guerra y juntos gestionaron la paz, una paz a su gusto, con las fuerzas represivas del Estado dando fuerte a los cautivos y desarmados rojos, mientras los obispos y clérigos supervisaban los valores morales y educaban a las masas en los principios del dogma católico. Hubo en esos largos años tragedia y comedia. La tragedia de decenas de miles de españoles fusilados, presos, humillados. Y la comedia del clero paseando a Franco bajo palio y dejando para la posteridad un rosario interminable de loas y adhesiones incondicionales a su dictadura.
Lo que hemos documentado varios historiadores en los últimos años va más allá del análisis del intercambio de favores y beneficios entre la Iglesia y la dictadura de Franco y prueba la implicación de la Iglesia católica -jerarquía, clero y católicos de a pie- en la violencia de los vencedores sobre los vencidos. Ahí estuvieron siempre en primera línea, en los años más duros y sangrientos, hasta que las cosas comenzaron a cambiar en la década de los sesenta, para proporcionar el cuerpo doctrinal y legitimador a la masacre, para ayudar a la gente a llevar mejor las penas, para controlar la educación, para perpetuar la miseria de todos esos pobres rojos y ateos que se habían atrevido a desafiar el orden social y abandonar la religión.
La maquinaria legal represiva franquista, activada con la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939 y la Causa General de abril de 1940, convirtió a los curas en investigadores del pasado ideológico y político de los ciudadanos, en colaboradores del aparato judicial. Con sus informes, aprobaron el exterminio legal organizado por los vencedores en la posguerra y se involucraron hasta la médula en la red de sentimientos de venganza, envidias, odios y enemistades que envolvían la vida cotidiana de la sociedad española.
La Iglesia no quiso saber nada de las palizas, tortura y muerte en las cárceles franquistas. Los capellanes de prisiones, un cuerpo que había sido disuelto por la República y reestablecido por Franco, impusieron la moral católica, obediencia y sumisión a los condenados a muerte o a largos años de reclusión. Fueron poderosos dentro y fuera de las cárceles. El poder que les daba la ley, la sotana y la capacidad de decidir, con criterios religiosos, quiénes debían purgar sus pecados y vivir de rodillas.
Todas esas historias, las de los asesinados y desaparecidos, las de las mujeres presas, las de sus niños arrebatados antes de ser fusiladas, robados o ingresados bajo tutela en centros de asistencia y escuelas religiosas, reaparecen ahora con los autos del juez Garzón, después de haber sido descubiertas e investigadas desde hace años por historiadores y periodistas. Quienes las sufrieron merecen una reparación y la sociedad democrática española debe enfrentarse a ese pasado, como han hecho en otros países. La Iglesia podría ponerse al frente de esa exigencia de reparación y de justicia retributiva. Si no, las voces del pasado siempre le recordarán su papel de verdugo. Aunque ella sólo quiera recordar a sus mártires.
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.
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miércoles, 26 de noviembre de 2008
martes, 11 de noviembre de 2008
Casanova dice que la memoria de la represión franquista saldrá "una y otra vez" si no hay compensación moral
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Memoria.- Casanova dice que la memoria de la represión franquista ...
Europa Press
Casanova dice que la memoria de la represión franquista saldrá "una y otra vez" si no hay compensación moral
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Bedera (PSOE) cree que Garzón es "un gran juez" pero sin competencias en los desaparecidos de la Guerra Civil (31/10/2008)
Memoria.- Familiares de vecinos de Arándiga (Zaragoza) asesinados en 1936 les rendirán un homenaje el próximo sábado (20:17)
Memoria.- La ARMHE considera que el auto de Garzón pone en evidencia las "insuficiencias" de la Ley de Memoria Histórica (18/10/2008)
AMP.- Memoria.- La Xunta enviará a Garzón un censo de víctimas en la Guerra Civil y un mapa de "lugares de represión" (03/09/2008)
Memoria.- Jáuregui cree que la decisión de Garzón es "histórica" pero admite que su "camino jurídico" es "dudoso" (17/10/2008)
ZARAGOZA, 11 Nov. (EUROPA PRESS) -
El catedrático de Historia Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, advirtió hoy de que la memoria de la represión franquista realizada contra los republicanos durante la Guerra Civil y la posguerra "va a salir una y otra vez" salvo que se realice un proceso de compensación moral.
Casanova, que asesora al juez de la Audiencia Nacional (AN) Baltasar Garzón en el procedimiento judicial iniciado en el Alto Tribunal para impulsar la apertura de fosas de represaliados, proceso actualmente paralizado por la Sala de lo Penal de la AN, indicó a Europa Press que "la Justicia retributiva está pendiente y es una vergüenza que no se haya hecho" porque "las democracias sólidas necesitan políticas de reconciliación".
Casanova continuó afirmando que "lo mejor es asumir que la dictadura se llevó por delante a mucha gente porque si no, va a salir una y otra vez", a lo que añadió que son instituciones como la jerarquía de la Iglesia Católica y el Partido Popular "los que tienen más poder para asumirlo, no un ciudadano de la calle".
"Dudo que pueda haber una causa global --penal-- contra los verdugos", pero sí sería posible en casos individuales, dijo. "No creo que nadie quiera ir a por la Justicia punitiva", señaló el catedrático zaragozano, quien opinó que los descendientes de víctimas podrían, individualmente, solicitar compensaciones económicas.
También afirmó que las víctimas del franquismo han pasado mucho tiempo "ocultas, humilladas y no se les atendió". Casanova documentó en su libro 'El pasado oculto' unos 9.000 casos republicanos asesinados durante la Guerra Civil y la posguerra.
El profesor consideró que sería necesario un año para recopilar toda la información ya depurada por historiadores de diversas comunidades autónomas para incluirla en la investigación abierta por Garzón. Casanova recordó que no se conoce la ubicación de todas las fosas.
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Casanova, que asesora al juez de la Audiencia Nacional (AN) Baltasar Garzón en el procedimiento judicial iniciado en el Alto Tribunal para impulsar la apertura de fosas de represaliados, proceso actualmente paralizado por la Sala de lo Penal de la AN, indicó a Europa Press que "la Justicia retributiva está pendiente y es una vergüenza que no se haya hecho" porque "las democracias sólidas necesitan políticas de reconciliación".
Casanova continuó afirmando que "lo mejor es asumir que la dictadura se llevó por delante a mucha gente porque si no, va a salir una y otra vez", a lo que añadió que son instituciones como la jerarquía de la Iglesia Católica y el Partido Popular "los que tienen más poder para asumirlo, no un ciudadano de la calle".
"Dudo que pueda haber una causa global --penal-- contra los verdugos", pero sí sería posible en casos individuales, dijo. "No creo que nadie quiera ir a por la Justicia punitiva", señaló el catedrático zaragozano, quien opinó que los descendientes de víctimas podrían, individualmente, solicitar compensaciones económicas.
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