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martes, 2 de diciembre de 2008

Víctimas del terror aún sin voz.

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Víctimas del terror aún sin voz

ADN.es -

Miles de hijos de republicanos fueron presos o arrebatados para robarles la identidad

Marta Rodríguez ADN 01/12/2008

Yo tenía que haber nacido en la prisión". El testimonio es de Antonia Jover, a un paso de los 70 años. A su madre la detuvieron en marzo de 1939, en Alcalá de Henares, a los ocho meses de embarazo. La dejaron dar a luz en libertad y cuando la niña cumplió dos meses, ingresó en la cárcel. Allí estuvo hasta los tres años, cuando vivió con su abuela.

No hay ningún registro oficial que constate el paso de Antonia por la prisión. Su historia no es una excepción, aunque en tres décadas no se ha dado ningún paso para iniciar una investigación oficial sobre la represión franquista. Ni sobre los menores victimizados. Se calcula que la dictadura tuteló a unos 30.000 niños del bando republicano.

Niños "perdidos"
"Al contrario",dice Antonia en el despacho de la Asociación catalana de expresos políticos, "no hemos tenido ni una ayuda ni un perdón, sólo el olvido".

Las condiciones en las prisiones provocaron la muerte de muchos de los niños. El franquismo desoía así la Convención de Ginebra que da a madres y menores una protección especial, señala el profesor del Instituto de Derecho Internacional de la Universidad de Castilla-La Mancha, Miguel Ángel Rodríguez Arias, quien lamenta que se silenciara "la represión de género".
Los menores encarcelados no fueron los casos más graves. El magistrado Baltasar Garzón apuntó en el auto en que se inhibió de la causa contra el franquismo a los "niños perdidos" como una gran asignatura pendiente.

El juez afirma que hasta mediados de los años 50, "a través de una andamiaje pseudo jurídico", se dio "cobertura a la sustracción sistemática de niños", hijos de republicanos. Tres son las vías de desaparición infantil durante la dictadura, explica el profesor Rodríguez Arias. A los menores se les arrebata su verdadera identidad y se les otorga una nueva."Son desaparecidos en vida", constata el especialista.

La administración franquista sustraía a los menores de madres republicanas que llegaban a la prisión "embarazadas o que eran violadas allí", de hijos de maquis ,o de "secuestros organizados por el Estado a través de Falange de críos puestos a salvo por la República en colonias infantiles" en el extranjero que eran repatriados al fin de la Guerra Civil.

Garzón recurre a un trabajo de Rodríguez Arias, Los niños perdidos (Tirant lo Blanc), para fundamentar que las desapariciones deben ser investigadas legalmente. El profesor asegura que no hay lugar a dudas de que la desaparición de menores es un "crimen permanente" por el que tarde o temprano España tendrá que rendir cuentas.

EL APUNTE
España incumple los convenios
En países como Argentina, El Salvador o Guatemala, los Gobiernos democráticos han puesto en marcha iniciativas para conocer el paradero de los secuestrados o asesinados. En España ni se ha planteado, lamenta el profesor Miguel Ángel Rodríguez Arias, que sostiene que hay base legal para que los crímenes del franquismo se investiguen. Además, el Ejecutivo incumple la legislación y convenios internacionales de derechos humanos.
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domingo, 30 de noviembre de 2008

Una tragedia poco conocida: los "niños perdidos de Franco".

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Una tragedia poco conocida: los "niños perdidos de Franco"

La Capital (Rosario) -

Barcelona. —

A diferencia de Argentina, donde la dictadura militar trató de ocultar la identidad y el destino de los hijos de miles de desaparecidos, el régimen de Francisco Franco (1936-1939) hizo lo mismo en España a plena luz del día. Así lo afirma el historiador catalán Ricard Vinyes, en el marco del debate que agita a España tras el frustrado intento del juez Baltasar Garzón para hacer luz sobre ese oscuro período de la historia española.

El historiador, uno de los principales estudiosos de la represión franquista durante la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior dictadura, compara la situación con la Argentina de la última dictadura militar. Bajo el régimen encabezado por el general Jorge Rafael Videla, las desapariciones se hacían de "manera clandestina", casa por casa y por la noche, y "manteniéndose tan en secreto como se podía", dice Vinyes.

De Franco a Videla. En España el régimen de Franco "se enorgullecía" públicamente de "robar" los hijos a las madres republicanas en las cárceles e "ingresarlos en hospicios de auxilio social", donde se les cambiaba el nombre y "eran educados según los principios del Estado".
Las obras de Vinyes son la base del auto del juez Garzón, que primero decretó su competencia para investigar los crímenes del franquismo y después se inhibió del caso, pidiendo a los juzgados locales que sigan la investigación.

"La dictadura argentina (1976-1983) tenía conocimiento de lo que pasó en España. El general Videla opinaba que en Argentina no se podía hacer lo mismo que había hecho Franco porque tendría en su contra a toda la comunidad internacional", asegura el historiador catalán. Vinyes investigó durante 4 años los archivos de las cárceles republicanas y en 2002 publicó dos libros, "Irredentas: las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas" y "Los niños perdidos del franquismo", que ayudaron a arrojar luz sobre este tenebroso aspecto de la dictadura franquista, en que los niños eran robados y separados de sus madres sin que, en muchos casos, "volvieran a verse nunca más".

Derecho a la memoria.
"El drama de este país es que no hay una política pública que garantice al ciudadano a acceder y transmitir la memoria del pasado. La gente tiene el derecho a conocer toda la verdad. El auto (de Garzón) es positivo. Ha hecho que se hablara mucho de todos estos temas de nuestro pasado, no sólo de la guerra, sino de la dictadura, que es más importante".

Esta semana la Audiencia Nacional decidió que Garzón es incompetente para juzgar los hechos. Ahora, "¿Cada juez (local) tendrá su propia comisión, o es que habrá una comisión estatal que oriente a todos los jueces?", se pregunta. "Garzón tenía un trabajo inmenso. Una cosa son las fosas y otra son los niños perdidos, porque las madres ya están prácticamente todas muertas, y los hijos tienen entre 60 y pico y 70 años, y conseguir reconstruir todo esto es francamente complejo". Para Vinyes, un "éxito suficiente" sería conseguir que el Estado "reconociera que la dictadura había creado un sistema de robos de niños para educarlos según los principios del Estado".

Según él, en España no hubo nunca "una voluntad ni un reclamo social de aplicar juicio a los perpetradores de estos hechos, a diferencia de lo que ocurrió tras las dictaduras de Chile y Argentina, donde hay militares que han sido juzgados y condenados. El modelo español de impunidad consiste en la negativa del Estado a declarar nulas las sentencias de los consejos de guerra y de los tribunales especiales de la dictadura", asegura.

No se conoce el número exacto de niños robados durante esos años posteriores a la Guerra Civil española, pero según Vinyes, solamente en el año 1944 están documentados alrededor de 12.000 casos.

Una vida sin saber.
Muchos de aquellos que fueron niños todavía hoy no saben que en realidad son hijos de republicanos. "Había casos de mujeres embarazadas que estaban condenadas a muerte. A veces esperaban a que naciera el niño y horas después se las fusilaba. También están documentados casos de mujeres que se declaraban embarazadas pero eran fusiladas sin comprobarlo", explica. "No se sabe si los niños también eran dados a familias amigas del régimen. Hay indicios de casos de adopciones irregulares, pero no pude comprobarlo porque no me dejaron entrar en el Archivo Tutelar de Menores", denuncia Vinyes.

Tras años de investigación, el historiador afirma no estar en condiciones de decidir qué caso le ha impresionado más: "Todos son igualmente brutales y bestiales. Se trataba de evitar que estos niños crecieran con el «mal republicano». Y por ello había que arrancarlos de sus madres".

(DPA)
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Los niños perdidos del Franquismo.
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Cuando la verdad divide a los españoles. Gran Wyoming.

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Cuando la verdad divide a los españoles

El Gran Wyoming

23 Nov 2008 06:01

El empeño por condenar al olvido lo que se desconoce es complejo. Se trata, una vez más, de ocultar la verdad, como hicieron los próceres de la patria cuando dictaron una ley de punto final sobre la dictadura, amnistiando a responsables de delitos inexistentes. Obviaron el detalle de especificar qué es lo que se amnistiaba. Los militares apuntaban con las armas y era difícil hablar.

Ahora que aparecen evidencias de que miles de niños fueron secuestrados, robados a sus padres y entregados a otras familias, surgen de nuevo voces, en el Partido Popular, afirmando que ese tema divide a los españoles y que, además, según Ana Mato, no interesa a nadie, razón por la que hay que enterrarlo. Habrá que fijar en qué cuneta de la Historia hacemos una fosa común para que nadie sepa nunca la magnitud de los crímenes cometidos por aquellos patriotas a los que hemos dedicado tantas plazas, monumentos y fechas conmemorativas.

No sé qué se han creído que son estos señores diputados de la oposición, pero, en ningún caso, el voto les concede el derecho a decidir qué somos los demás y, mucho menos, a pensar por nosotros. Bastante hemos tenido con librarnos de la fe obligatoria, para que ahora nos impongan lo que nos interesa o no. A mí sí me interesa señora, y mucho. Si el hecho de conocer la verdad, lejos de llevarles a la reflexión, les hace recular hacia la trinchera para apuntalar con la censura crímenes contra la humanidad, lo que debemos hacer los defensores de la paz y la libertad es ahondar en el conocimiento de los hechos para librarnos de esa sombra que planea sobre nuestra joven democracia y la intoxica con la ignominia de la legitimación del crimen.

Dice usted, señora Mato, que esto divide a los españoles. Sólo puede haber dos grupos. Los que se indignan ante los crímenes, violaciones y secuestros de niños, y los que no. No basta con condenar a ETA, hay más criminales aborrecibles que denunciar, aunque sean de los nuestros. Un poco de dignidad y decencia, ya toca.
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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Los niños de Guernica

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Los niños de Guernica

Los 120 niños que partieron hacia Dinamarca tras el bombardeo de Guernica en 1937, protagonizan un documental que se estrena en el festival de cine de Gijón, y que laSextaNoticias adelanta en primicia.

laSextaNoticias

Las historias de cualquier guerra dejan tras de sí cifras estremecedoras, que invitan a mirar hacia otro lado y distraer la mente con otras historias, menos hirientes para la sensibilidad. ¿Qué habrá sido, por ejemplo, de los 30 mil niños perdidos del franquismo? ¿Y de los otros muchos niños de los que nadie ha hablado? Hablemos de los 120 pequeños que dejaron el norte de España y se embarcaron en un “viaje forzoso” hacia Dinamarca, para escapar de la Guerra Civil. Son los “niños de Guernica”, los protagonistas de un documental que se estrena en el Festival Internacional de Cine de Gijón, y que laSextaNoticias ha adelantado en primicia.
El 26 de abril de 1937 tuvo lugar el ataque aéreo perpetrado sobre la localidad de Guernica, a manos de la “Legión Cóndor” alemana y la “Saboia” italiana, que combatían junto al llamado “bando nacional”. Con la ciudad reducida a escombros, familias y empresas privadas decidieron que tenían que mandar a los más pequeños lejos de allí. Lejos de una ciudad destrozada y de un país dividido por la guerra.

120 pequeños, ataviados con abrigos y maletas hacían cola para subir a un tren que les llevaría hasta Dinamarca, pasando antes por Francia. Los rostros de tristezas por abandonar a la familia y por el miedo a lo desconocido antes de subir, dieron paso a tímidas sonrisas una vez habían ocupado su lugar.

Contaban con personas que vigilaban la expedición, los cuidaban, les aseaban y les daban de comer. Pese a eso, muchos de estos pequeños no pensaban más que en mirar a través de la ventanilla del vagón, viendo cuántas cosas quedaban atrás en el camino. Tras un año lejos, se produjo la vuelta a España. Volvieron peinados, con trajes y corbatas, y una sonrisa permanente en sus caras.

Hoy, 71 años después, rememoran aquel viaje y se sonríen al reconocerse en las imágenes de un documental, que renuncia a olvidar esas historias que otros prefieren enterrar en el pasado.
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La inhibición de Garzón. Rogelio Diz.

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La inhibición de Garzón

ROGELIO DIZ Analista Político

Miércoles, 26 de noviembre de 2008

Quizás mucha gente se haya sentido defraudada con esta resolución del Juez Garzón al inhibirse en la causa presentada contra el franquismo, y dejarlo todo en manos de los jueces territoriales. Sin embargo sigo opinando que con independencia de su recorrido jurídico, gracias al Juez Garzón la Memoria Histórica a tenido tal relevancia que se esta volviendo imparable.

Quien podía pensar tan solo hace diez años atrás, cuando tan solo unos cuantos nos atrevíamos a reivindicar la reparación de las victimas, la anulación de los juicios, la exhumación de fosas o simplemente intentar poner voz a la memoria de nuestros ancestros contra la deformada idea que de ellos se tenia debido a cuarenta años de la palabra de los vencedores. Y que sin embargo difícil era la tarea, cuando a pesar de la transición pocos espacios encontrabas para hacerlo publico, pocos micrófonos donde expresarte fuera de tu localidad, y pocos también los foros que se dieran a la tarea de debatirlos.

Pues bien, a partir del auto del Juez Garzón promovido por varias Asociaciones, hasta su inhibición, nunca se había hablado, debatido, pronunciado, tanto en los medios de comunicación escrita, de radio y de televisión, a nivel nacional como internacional de este tema durante un poco más de un mes, que en todos los 33 años de la transición, o si se quiere durante los 18 años de gobierno socialista, ya que en los de UCD y PP seria imposible solo el pensarlo.

La misma Ley de la Memoria Histórica, que cuando fue por fin aprobada, creo que no la reconocía ni siquiera el mismo Partido socialista, tan ajustada ella, tan limitada y tan…tímida, por decirlo de alguna manera, que nadie le hacia caso y mucho menos se trataba de aplicar, tanto así, que una alcaldesa de una ciudad pedía 25000 firmas de sus conciudadanos para considerar si se debería retirar los símbolos del franquismo, para ver si una Ley de obligado cumplimiento debe aplicarse o no, y como nadie se dio a la tarea de hacerlo, pues viene a ser que no, creo que no hace falta decir a que partido pertenece esta Edil.

Muchos se preguntan él porqué no se conocía hasta ahora el secuestro de 30.000 niños arrancados de los brazos de sus madres republicanas condenadas a muerte, y es que esa información fue entregada al Juez por la diferentes asociaciones y esta publicada en por lo menos dos libros. Situación además bastante común entre las dictaduras de la derecha contemporánea como se presentaron tanto en la Argentina de Videla como en Chile de Pinochet. Ya que el sueño de estos ególatras del poder, es la continuación de su impuesta estela basada en el adoctrinamiento desde la niñez en su causal de pensamiento único, y que mejor manera de conseguirlo que arrebatárselos al enemigo e implantarlos en el seno de familias de las que consideran “gente bien” para que de ahí salgan los nuevos lideres que la patria necesita.

La duda que me queda sobre la causa de los crímenes de lesa humanidad promovida por Garzón, en la que se declara competente para señalar responsabilidades en las desapariciones forzosas ocurridas desde 1936 hasta 1952 donde señala a 35 responsables todos ellos muertos, y es por eso que pide sus actas de defunción para eximirlos penalmente y cerrar su proceso, algo que causo gracia y a la vez denoto la ignorancia de algunos lideres de la derecha como Soraya Sáenz de Santamaría o Doña Esperanza Aguirre, quienes soltaron algunos chistes fáciles sobre el Juez Garzón, al que atribuían no haberse enterado del fallecimiento de Franco.

Lo que no me queda claro es porqué la causa no se abrió durante todo el tiempo que duro da dictadura, ósea de 1936 hasta 1977, ya que todos sabemos que en ese lapso de tiempo trascurrido entre 1952 a 1977 continuaron efectuándose ejecuciones, bastante más de un centenar y que además dentro de los responsables políticos en esos gobiernos, más de una docena aun se encuentran vivos, entre ellos Manuel Fraga Iribarne fundador de AP (Alianza Popular) reconvertida en la actualidad en el PP (Partido Popular) y a quien se le atribuyen la firma en la sentencia de muerte de Julián Grimau y responsable de las ordenanzas en los crimenes de Victoria y Montejurra.

Mas todos claman ahora sobre la Ley de Amnistía de 1977, la cual fue aprobada por el 98 % del Congreso, lo raro seria que no hubiese sido del 100%, seguramente algunas señorías estarían en el baño a causa de la incontinencia que producían el ruido de sables del exterior. Había que calmar a la fiera de ese entonces, y que mejor manera que una Ley de borrón y cuenta nueva, para que los golpistas vencedores y sus acólitos pasearan su impunidad por el foro. Es por estas cosas que la Ley de la Memoria Histórica es comparable a la supuesta aconfesionalidad del Estado, pues siempre es el ciudadano el que tiene que hacer la denuncia, las gestiones, salvar los obstáculos para que le hagan valer sus derechos, y mientras el gobierno solo habla y observa pero sin hacer nada.

La Iglesia mientras tanto en voz de Monseñor Rouco Varela, vuelve a tomar partido y utilizar su doble vara de medir, pidiéndonos que debemos olvidar y no fomentar odios ni escarbar heridas al mismo tiempo que beatifican a miles de mártires de la cruzada en la Guerra Civil, los mismos que están enterrados en cementerios, que fueron sus familias reparadas y que cada dos por tres los glorifican, mientras tanto los nuestros a seguir olvidados en las cunetas ¡Olè, sus santos cojones!

Amnistía Internacional denuncia que España, un país que ha impulsado numerosas investigaciones de “crímenes contra la humanidad” en otros países (Todas ellas por parte del Juez Garzón), no puede oponerse a cumplir con las obligaciones de investigar los suyos y dejar de ser “La excepción mundial llamada España”.

Al parecer el Congreso debatirá una iniciativa de ERC para modificar la Ley de la Memoria Histórica y el reconocimiento de la lucha antifranquista, así de esta manera se van abriendo nuevas puertas hacia los Tribunales Internacionales, que no podrían hacerse hasta agotar las instancias pertinentes. Por lo tanto desde aquí, y a pesar de no compartir muchas de sus tesis, le doy las gracias al Juez Garzón, por abrirnos esas puertas y por habernos amplificado nuestra voz a través de sus autos y resoluciones.
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martes, 25 de noviembre de 2008

Baltasar Garzón deja la investigación sobre los desaparecidos de la Guerra Civil y franquismo

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Baltasar Garzón deja la investigación sobre los desaparecidos de ...

Baltasar Garzón deja la investigación sobre los desaparecidos de la Guerra Civil y franquismo
El magistrado se inhibe en favor de los juzgados territoriales


E.E. Madrid.

El juez Baltasar Garzón, que inició el proceso para una investigación sobre los desaparecidos de la Guerra Civil y del franquismo, se declaró incompetente, una vez que comprobó que Franco y el resto de la cúpula del régimen están muertos, y se inhibió en favor de los juzgados territoriales.
La decisión del magistrado de la Audiencia Nacional se adopta cuando aún estaba pendiente la decisión de la Sala de lo Penal de la Audiencia acerca de si Baltasar Garzón era o no competente para llevar a cabo este proceso, que incluía la apertura de fosas comunes a lo largo de toda España y que comenzaron a abrirse hasta que se ordenó su paralización provisional, a la espera de que hubiese una pronunciación acerca de la competencia de Garzón. El magistrado, en su auto, critica que con los argumentos que el fiscal jefe, Javier Zaragoza, da para ir en contra de la investigación que quería llevar a cabo, no se habría llevado a cabo el juicio de Nüremberg, en el que se juzgó el nazismo.

Las distintas asociaciones de recuperación de la memoria histórica lamentaron la decisión de Garzón e incluso algunas, como la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, recurrirán la inhibición y están dispuestas a llevar el caso al Tribunal de Estrasburgo.

La presidenta de la Asociación de Descendientes del Exilio Español, Ludivina García, expresó su sorpresa por el auto de Garzón y pidió al Gobierno que dé a conocer el contenido del conjunto de medidas que desarrollan la Ley de Memoria Histórica. Son 27 los juzgados territoriales de los lugares en los que se localizan las más de sesenta fosas comunes a los que se refiere la investigación los que recibirán el caso.

Niños raptados a sus padres en el extranjero

Garzón considera que la dictadura “pudo haber propiciado la pérdida de identidad de miles de niños en la década de los años 40”, al arrebatárselos a sus padres para educarlos en la afección al régimen. En el auto, mantiene que una de las razones para sostener que los delitos no han prescritos es precisamente la existencia de víctimas “que puedan estar vivas”.

Se refiere concretamente a aquellas que, durante su infancia o adolescencia, “fueron sustraídas legal o ilegalmente (...) y los de aquellos menores que fueron ‘recuperados’ contra la voluntad, o sin ella, de sus progenitores en el extranjero, entre 1939 y 1949, a través de todo un entramado de acciones, organismos, principalmente el Servicio Exterior de Falange”, informó EFE.

El juez apunta que “se está en la fase inicial de esa investigación” y ésta “debe ir dirigida, precisamente, a demostrar esa actualidad y permanencia” de los delitos perpetrados entonces. El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, señaló que es cierto que miles de niños fueron separados de sus madres mientras estaban en cárceles franquistas y, como en Argentina, se les robó su identidad, por lo que la entidad recibiría con satisfacción que se abriera esa vía de investigación.
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lunes, 24 de noviembre de 2008

“El número de niños perdidos del franquismo supera al de los nietos de las Abuelas de Mayo”

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“El número de niños perdidos del franquismo supera al de los ...

“El número de niños perdidos del franquismo supera al de los nietos de las Abuelas de Mayo”
Rodríguez es autor del libro en el que fundamenta parte de su auto sobre las desapariciones el juez Garzón

[A. R. ] [Ciudad Real]

El profesor de la UCLM, Miguel Ángel Rodríguez Arias, es autor del libro El caso de los niños perdidos del franquismo: Crimen contra la humanidad, investigación en la que ha fundamentado parte de su auto sobre las desapariciones durante el franquismo el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón. Investigador del Instituto de Derecho Penal Europeo e Internacional de la Facultad de Derecho de Ciudad Real, Rodríguez ha recibido varios premios en certámenes jurídicos por trabajos sobre crímenes internacionales y, actualmente, desarrolla una estancia de investigación en la italiana Universidad de Milán, ciudad desde donde aporta su visión sobre las desapariciones de hijos de defensores de la República española, cuyos apellidos fueron modificados y adoptados por “familias afines al régimen”.

PREGUNTA.- ¿Cuántas personas aproximadamente sufrieron el cambio de identidad? ¿Existen datos de Castilla-La Mancha y Ciudad Real?
RESPUESTA.- Al igual que sucedió con el caso de las fosas de Franco, el problema es que el Estado no ha cumplido con sus deberes de investigación oficial de estos hechos, de modo que no hay datos oficiales. Por ejemplo tras la investigación de la Audiencia Nacional ahora sabemos que en la provincia de Ciudad Real continúa habiendo unos 1.694 ejecutados abandonados en fosas comunes, siendo la segunda provincia de Castilla La Mancha, tan sólo detrás de Toledo, con 3.970 desaparecidos. En todo caso, Ciudad Real es una de las provincias con una cifra más alta de ejecuciones de España. Aunque todavía cueste hacerse a la idea de tal horror, con más de 7.000 víctimas de las matanzas franquistas, Castilla-La Mancha fue un Srebrenica. No lo digo por decir, las cifras del Tribunal penal internacional para la Antigua Yugoslavia están ahí. Y todavía estamos hablando de la sexta comunidad autónoma más afectada de España, en Andalucía se asesinó a pie de fosa a más de 32.000 personas que todavía no se sabe donde están.Pero respecto a los niños perdidos y en ausencia -todavía al menos- de una investigación oficial sólo podemos hablar con detalle de casos descubiertos casi por azar, como el de Vicenta Álvarez, hija del Capitán de la República Melecio Álvarez, fusilado por Franco, a la que, tras cambiársele el apellido, sería entregada posteriormente a una familia de Herencia. Habrá que esperar a dicha investigación pero parece previsible que la cifra de niños arrebatados a sus madres por la dictadura de Franco supere ampliamente la cifra del conocido caso de los 800 niños perdidos de la Dictadura argentina por cuya recuperación las Abuelas de Plaza de Mayo llevan luchando sin descanso dos décadas, habiendo conseguido localizar y restablecer la identidad de algo más de un centenar de estos. En el caso español, y según algunas fuentes de las que también se hace eco Garzón en su auto, podríamos estar ante una macabra contabilidad de miles de casos de niños apropiados por la dictadura de Franco.

P.- ¿Dónde se cometieron estos hechos y por qué?
R.- Las vías de la desaparición infantil aludidas en el ‘Balance de Crímenes de la Dictadura Franquista’, de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de 17 de marzo de 2007, fueron varias partiendo del robo de niños a las madres republicanas en las cárceles de Franco, o del robo de niños de entornos guerrilleros -y por tanto las que más se prolongaron en el tiempo, todavía en los años 50- para ser entregados a familias adictas al régimen, pero también se mencionaría la “caza del niño rojo en el extranjero”, en alusión a los secuestros en Francia y otros países de los niños puestos a salvo en las colonias infantiles de la República.

P.- ¿Sería posible un reencuentro con sus familias de origen?
R.- No sólo es que sí lo sería, es que el Estado español debe activar los medios de búsqueda para hacerlo posible, de igual modo que Argentina creó por ley una Comisión de Búsqueda de Desaparecidos o una Base Nacional de datos Genéticos, que funcionará hasta el año 2050, en razón de las expectativas de vida biológica y de sus obligaciones internacionales en materia de Derechos Humanos. Aplicar estrictamente los mismos criterios en nuestro país supondría su funcionamiento al menos hasta el año 2020. De hecho, otros Estados como Salvador o Guatemala fueron recientemente condenados a poner en marcha tales mecanismos ante los casos de los niñas perdidas Serrano Cruz o el niño Molina Theissen. Sin olvidar el caso de las “generaciones robadas” australianas, donde en febrero de este mismo año 2008 el primer ministro, Kevin Rudd, pidió perdón en nombre del Estado en el Parlamento y ante las familias y niños recuperados, al tiempo que se encuentra en tramitación una ley de indemnizaciones que podría superar los 250.000 dólares por niño perdido, al margen de las indemnizaciones a sus familias. No creo que se haya llegado a tomar plena conciencia aún de la profunda violación de los derechos humanos, ni las enormes implicaciones jurídicas para nuestro país del caso de los niños perdidos.

P.- ¿Hay familiares que se han reencontrado?
R.- Sí, a pesar de que España se haya desentendido de sus obligaciones hacia estas víctimas, algunos familiares consiguieron localizar a sus hermanos arrebatados a través de programas como ‘Quién sabe dónde’, por puro azar al coincidir con alguien que sirvió en el ejército de la República bajo las órdenes del padre verdadero de la víctima, o incluso recurriendo a investigadores privados sufragados de su propio bolsillo, pero estamos hablando de casos aislados. El arbitrario cambio de apellidos que permitió la ley de Franco de 4 de diciembre de 1941 y las dificultades para acceder a los archivos han sido un auténtico escudo para la impunidad de estos crímenes.

P.- ¿Qué es lo que te llevó a escribir este libro?
R.- La impunidad de todo lo perpetrado por el régimen franquista contra los defensores de la Segunda República española siempre me pareció algo mucho más allá del homenaje y de la memoria; algo perfectamente equiparable en muchos casos a los propios crímenes del nazismo. La situación de los miles de desaparecidos de las fosas llamó además particularmente mi atención dada la especial configuración permanente del crimen de desaparición forzada de personas, lo que ponía en entredicho todo lo (no) actuado en nuestro país. Mucho más aún la situación de los desaparecidos en vida desde su más tierna infancia. Quería contribuir a dar a conocer las distintas posibilidades de acción de las víctimas.Junto a esto, otra razón fue la absoluta ausencia de textos jurídicos académicos que abordasen los crímenes de desaparición forzada del franquismo, lo que representaba, a su vez, el primer obstáculo a superar para la enseñanza de la asignatura a nuestros alumnos. De este modo, y sobre la base de mis propias investigaciones, en la Facultad de Derecho de Ciudad Real -una de las pocas que cuentan con una asignatura específica de Derecho Penal Internacional- los crímenes de desaparición forzada del franquismo se estudian como parte del programa de la asignatura. En la medida que resulte posible, pienso invitar a nuestras clases a algunas de las personas y organizaciones implicadas en la causa de los desaparecidos del franquismo ante la Audiencia Nacional y con las que he venido colaborando en estos últimos meses.

P.- ¿Cuáles serían las medidas a adoptar a nivel nacional e internacional?
R.- Resulta difícil hacerse una idea de la dimensión de la tarea de la que estamos hablando, ya que no he encontrado ni un solo tratado o instrumento internacional en materia de derechos humanos y desapariciones forzadas que nuestro país no haya incumplido respecto el caso de los niños perdidos. Uno de los ejercicios prácticos que vi con mis alumnos de Derecho Penal Internacional en la Facultad el año pasado fue, precisamente, la comparativa, articulo por artículo, entre proyecto de ley “de la memoria”, y algunos de los principales instrumentos internacionales en materia de reparación a las victimas y lucha contra la impunidad. Ellos mismos no daban crédito de que las cosas se pudiesen estar planteando así ante la situación de los desaparecidos, y hablamos de alumnos de la Licenciatura de Derecho. Hay que modificar la ley ‘de la memoria’ ante el caso de las fosas y mucho más todavía, si cabe, con el caso de los niños perdidos. O incluso adoptar una nueva legislación específica sobre los desaparecidos. En una de mis investigaciones publicada en Jueces para la Democracia, he localizado una veintena de sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que dejan en evidencia lo profundamente contrario al Convenio Europeo de Derechos Humanos de alguno de los artículos de la ley ‘de la memoria’.

P.- ¿Estos hechos de la desaparición de niños en el franquismo han prescrito?.
R.- Otra cosa más que saco a la luz en mi libro sobre los niños perdidos y que Garzón recoge en su auto, es la incoherencia de aceptar la validez de la condena del Mariscal Keitel en Nuremberg por las desapariciones de personas en del ‘Decreto Noche y Niebla’ de Hitler, fechado el 7 de diciembre de 1941, y que se diga después que la ley de desaparición infantil de Franco, de tan sólo 3 días antes, el 4 de diciembre de 1941, queda fuera del alcance temporal de Nuremberg; que se diga que es una aplicación retroactiva del derecho, que ha prescrito y no sé qué cosas más. Las responsabilidades del Estado en el caso de los niños perdidos del franquismo se multiplican al tratarse de víctimas desaparecidas en vida, que continúan vivas, con hermanos e incluso algunas madres de avanzada edad que continúan a la espera del anhelado reencuentro familiar en los últimos momentos de su vida.Eso nos exige diligencia. Cada día que nuestro Estado continúa incumpliendo las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos respecto a estas víctimas, representa otro día más que se les está robando a los niños perdidos y a sus familias. Este hecho dota de un cariz jurídico distinto a todo lo relativo a este tema.

P.- ¿En qué puede afectar la Ley de Memoria Histórica a la reparación de daños?
R.- Por increíble que parezca la ley de la Memoria ni menciona el caso de los niños perdidos, aunque se trate del caso más grave de desapariciones forzadas del franquismo según el derecho internacional, dado el especial carácter indefenso de las víctimas, niños de tan sólo uno ó dos años de edad o a veces ni tan siquiera eso. De hecho la situación de estas víctimas no ha sido abordada por ninguna otra norma anterior a lo largo de los últimos 30 años de democracia tal y como constato en mi libro. Y con ello mismo también será olvidado el simultáneo carácter de género de estos crímenes contra la humanidad como forma de represalia cruel e inhumana contra toda una generación de mujeres por su compromiso con la democracia y la igualdad.Pero si hay una cosa que me gustaría recalcar es la situación en la que, tras años y años, continúan todavía las familias de unos y otros desaparecidos en nuestro país. Me parece profundamente inhumana y equivocada, bajo cualquier punto de vista ético o jurídico; ahora más que nunca tras abrirse nuevas incertidumbres para todas estas personas en nuestro ámbito jurídico interno.

"¡No me la quiten! ¡No quiero dejar a mi hija con estos verdugos!"

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"¡No me la quiten! ¡No quiero dejar a mi hija con estos verdugos!"

Los niños robados por el franquismo relatan su historia, recuperada por Garzón
NATALIA JUNQUERA - Madrid - 23/11/2008

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"Oí gritos desgarradores: '¡No me la quiten! ¡Me la quiero llevar al otro mundo!'. Otra exclamaba: '¡No quiero dejar a mi hija con estos verdugos. Matadla conmigo!'. (...) Se había entablado una lucha feroz: los guardias que intentaban arrancar a viva fuerza las criaturas del pecho y brazos de sus madres y las pobres madres que defendían sus tesoros a brazo partido. Jamás pensé que hubiese tenido que presenciar escena semejante en un país civilizado". Esto lo escribió el fraile Gumersindo de Estella en sus memorias. Como capellán de la prisión de Torrero (Zaragoza) presenció en sus múltiples formas, el encarnizamiento de los vencedores con los vencidos, sus mujeres y sus hijos. El robo de niños es quizá la fórmula más atroz y menos conocida de la represión franquista. "Durante más de 60 años no ha sido objeto de la más mínima investigación", denunció esta semana el juez Baltasar Garzón en el auto en el que se inhibe de la causa abierta contra Franco.

Informe de la Falange Española sobre la repatriación de niños
DOCUMENTO (PDF - 7,99Mb) - 23-11-2008

De lo que pasaba después con aquellos niños da cuenta otro capellán con inquietudes bien distintas en una carta que escribió desde la Casa Cuna de Sevilla a los futuros padres de una de aquellas criaturas: "Mis queridos amigos: la madre de la niña se presentó en la Diputación (...) al ver esto y prever que les podían hacer pasar a ustedes un mal rato, decidí no hablar ni tocar el asunto en la Diputación hasta que no estuviera alejada la idea de esta mujer y cuando ustedes fueran ni se acordaran que tal mujer había ido a reclamar nada".

El régimen robó niños a las madres presas, los repatrió sin permiso de sus padres ni de los países a los que la República los había evacuado durante la guerra y desde 1941, permitió por ley que les cambiaran los apellidos, impidiendo para siempre que su familia los encontrara. No se sabe cuántos fueron. Muchos de esos niños habrán muerto ancianos sin saber cuál era su verdadero nombre. Estas son algunas historias de las madres que no olvidaron, los que tuvieron la suerte de reencontrarse y los que siguen buscando.

ANTONIA RADAS
"Me llamaba Pasionaria"
Tuvieron sólo un año y medio para conocerse, "para hacernos preguntas", aclara Antonia. "Yo tenía 54 años cuando conocí a mi madre. Ella, 87". Carmen y Antonia se encontraron gracias a un programa de televisión, Quién sabe dónde. "La reconocí enseguida. ¡Era idéntica a mí, pero con 30 años más! Mi madre me gustó mucho. Era auténtica, tenía un poco de genio, igual que tengo yo". El año y medio que vivió Carmen desde aquel encuentro se esfumó en presentar a hermanos y nietos, en llorar por el tiempo perdido y en aclarar una mentira.

"Yo siempre pensé que mi madre me había abandonado. Fue lo que me dijeron mis padres adoptivos. Y cuando en mi primera comunión se presentó un chico diciendo que era mi hermano y que me fuera con él porque mi madre me estaba esperando, yo le grité '¡es mentira!'. Pero era verdad".

-Déjanos a la niña, que nosotros te la cuidaremos-, le dijeron a su madre.
- ¡Antes de eso, yo la ahogo!

"Mi madre me contó que había oído que robaban a los niños en la cárcel, por eso reaccionó así. Pero viendo que tarde o temprano me iban a apartar de ella, decidió darme a otra presa que ya salía en libertad para que cuidara de mí los seis meses que le quedaban a ella de condena. Pero la amiga me vendió o me regaló a mi familia adoptiva. Por no querer perderme, al final casi me pierde para siempre", recuerda Antonia, que a los 54 años descubrió que se llamaba Pasionaria. "A ella la habían hecho presa para coger a mi padre, que estaba en el monte. Él se entregó y lo fusilaron y a mi madre no la soltaron. Me puso Pasionaria para fastidiar a los que habían matado a mi padre. Pero en cuanto mis padres adoptivos me bautizaron, me lo cambiaron por Antonia".

ANTONIO PRADA GIRÓN
Aún busca a su hermano
Aunque nunca supo si seguía vivo o con qué nombre había muerto, Emilia Girón nunca olvidó a su segundo hijo. Quería llamarle Jesús y se lo quitaron en el hospital de Salamanca, adonde la habían desterrado por ser hermana de uno de los guerrilleros más famosos de España, Manuel Girón, El león del Bierzo.

Antes de dar a luz a Jesús, Emilia había sido torturada decenas de veces para que confesara el paradero de su hermano. "Iban a buscarla a casa casi cada día. Una hora después de parirme a mí fueron a por ella y se la llevaron todavía sangrando al puesto de la Guardia Civil para que identificara a un guerrillero que habían matado, para ver si era mi tío. La molieron a palos", explica Antonio Prada Girón, otro de sus hijos, que ha oído muchas veces aquel relato.
"Yo sé que lo parí. Se lo llevaron para bautizarlo, pero no me lo devolvieron. No lo volví a ver más. Supongo que un matrimonio que no tuviera hijos se lo quedó, pero a mí no me pidieron permiso", relató Emilia Girón ante la cámara de Montserrat Armengou, autora del documental Los niños perdidos del franquismo. Ahora es su hijo Antonio quien le sigue buscando. "Mi madre murió el año pasado, a los 96 años, con la pena de no haberle encontrado. No dejó de pensar en él ni un solo día. Porque mi madre lo parió, y de eso no pudo olvidarse", explica Antonio. "Le tenía siempre en el pensamiento. Nos repitió muchas veces que teníamos otro hermano y que se lo habían robado. Le quería tanto como a nosotros cinco".

MARÍA JOSÉ HUELGA
Cinco pruebas de ADN
Antes de morir, a los 84 años, Marina Álvarez Gutiérrez se hizo cinco pruebas de ADN con cinco mujeres que vivían en Francia, Bélgica, La Rioja, Murcia y Zamora para averiguar si alguna de ellas era su hermana María Luisa. No tuvo suerte. "La primera se la hizo muy ilusionada porque estaba convencida de que iba a ser su hermana. No se imaginaba que hubiera más casos como el suyo, y que habían robado a tantos niños", explica su hija María José Huelga. Marina no tuvo suerte. Ninguna de aquellas cinco mujeres era la niña que recordaba haber llevado de la mano hasta el carguero inglés en el que fueron evacuados a Burdeos.

Intentando poner a sus seis hijos a salvo, su padre pidió para ellos un pasaporte de guerra. "Le dijeron que no les iba a pasar nada, y mira lo que pasó. Mi madre tenía entonces tres años y medio y mi tía, poco más de un año. Iban a Burdeos pero al final los separaron a todos. María Luisa, la más pequeña, nunca volvió".

Mientras el miedo a Franco le impidió preguntar por ella a la Guardia Civil, Marina acudió con frecuencia a un echador de cartas para saber cómo estaba su hermana. "Le decían que estaba viva y mi madre se quedaba contenta. Siempre estaba pensando en ella, imaginando cómo sería ahora su hermana. A veces decía: 'Siento que no está muerta. A lo mejor es monja...'. Toda la vida tuvo la angustia de haberla perdido", recuerda María José. "Por eso ahora, si consigo encontrar a mi tía, por una parte va a ser una alegría, pero por otra va a ser una pena tremenda, porque mi madre se ha muerto sin verla. Aún así me encantaría encontrarla y decirle que no la abandonaron. Poder contarle lo que pasó y quién es. Nadie se merece menos que eso. Pero es tan difícil... si nosotras encontramos cinco mujeres con casos parecidos y ninguna era mi tía, ¿cuántos niños habrán podido robar los franquistas?".

MARÍA CALVO
Cuatro nombres distintos
María ha tenido, en 76 años, cuatro nombres distintos: fue María del Carmen Calvo García al nacer. María Expósita en Francia. María Pérez Gómez de vuelta a España. Y para que pudiera casarse, le pusieron María López García, los apellidos de sus padres adoptivos.

El suyo, el que le habían puesto sus padres, lo descubrió hace muy poco. "Te llamas Carmen Calvo García", le tuvo que decir Florencia, su hermana, que también la encontró gracias a Paco Lobatón, casi 70 años después de que un bombardeo alemán las separara en Francia cuando María aún era muy pequeña para recordar aquella imagen.

"Mi madre no sabía cómo se llamaba. Tuvo que ir a la televisión para saber quién era. Y a un forense para que le dijera mirándole la dentadura cuántos años tenía. ¿Puede haber algo más penoso?", se pregunta su hija Encarnación, que pide hablar en nombre de su madre para que ella no sufra recordando la vida que perdió.

Como tantos otros niños, María y Florencia llegaron a Francia huyendo de una guerra y tropezaron con otra. Fueron a parar a distintas familias en Francia. Hasta que Franco reclamó la repatriación de los 34.037 niños que el Gobierno rojo había expatriado durante la guerra obedeciendo "a consignas emanadas del Kremlin con objeto de obtener valiosos instrumentos para sus planes ulteriores", según un informe de Falange sobre las repatriaciones, de noviembre de 1949. Las hermanas fueron separadas y tuvieron vidas muy distintas.

"Mi madre recuerda perfectamente el día en que su madre adoptiva la recogió en el colegio al que la habían llevado en Madrid. Pusieron a todas las niñas en el patio y mi abuela dijo: 'Esa es la que quiero'. Le dijo 'soy tu madre' y se la llevaron a Jumilla (Murcia)", explica Encarnación. "Florencia tuvo una vida muy distinta. La pobre sufrió mucho...".

Entró en un asilo a los 10 años y no salió de él hasta los 18. "Me quedé hasta ciega de tanto llorar. Recién llegada de Francia, me oriné más de una vez en la cama y las monjas me ponían las sábanas por la cabeza. Me hacían pasar por el comedor de los niños con la sábana mojada para que me diera más vergüenza...", relata Florencia en el documental Los niños perdidos del franquismo justo antes de ahogarse en su propia voz. Falleció hace años, poco tiempo después de que el ADN confirmara que la mujer a la que había encontrado en Quién sabe dónde era su hermana.

María nunca se había atrevido a preguntar a sus padres adoptivos si era verdad lo que le habían dicho otras niñas: "Tú no eres tú". Cuando se estaba muriendo, su madre adoptiva le confesó que había "un secreto", pero le dijo que se lo llevaría a la tumba. Y así fue. Con la ayuda de su hija, María comenzó a buscar su identidad. Hasta que vio a su hermana en Quién sabe dónde. "No te conozco pero yo te quiero mucho", le dijo ella. Florencia nunca se había creído lo que le habían dicho en el asilo: "María está muerta. La tiraron por la ventanilla del tren".

La regeneración de la raza según Vallejo Nájera
El régimen no intentó buscar a los padres de los niños que habían sido evacuados, o directamente se los robó a sus madres en las cárceles, en el intento de "recatolizarlos a la fuerza", explica el historiador Julián Casanova, autor de La Iglesia de Franco. "La Iglesia fue la principal responsable del robo de estos niños, quería purificar a aquellas criaturas, de familias rojas y descarriadas. Por eso estaban mucho más interesadas en las niñas que en los niños. Y a ese intento de purificación obedece también el aceite de ricino que les hacían beber a las mujeres cuando las torturaban", añade.
Para construir aquel sistema cruel que borraba la identidad de los niños, el régimen se empeñó en conseguir que odiaran a sus padres, los rojos. Hizo falta un psiquiatra, el comandante Antonio Vallejo Nájera, y una teoría disparatada sobre la Eugenesia de la hispanidad y la regeneración de la raza.
En un intento de cuajar aquellas teorías con su fe católica, Vallejo Nájera ideó una suerte de "eugenesia positiva" con el fin de "multiplicar a los selectos y dejar que perezcan los débiles", entendiendo como débiles a los rojos, y como recuperables, a sus hijos, a los hijos robados del franquismo.
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Los niños robados del franquismo

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Los niños robados del franquismo

Garzón se basa en dos libros que denunciaron un plan sistemático de sustracción de los hijos de los republicanos para pedir que se investigue por ser delitos permanentes

23/11/2008

El pasado martes, Baltasar Garzón se inhibía de la causa al franquismo. Pero su auto contenía el estremecedor relato de los niños robados a los rojos por el franquismo. En España hubo un plan sistemático de sustracción de niños, hijos de madres republicanas (muertas, presas, ejecutadas, exiliadas o simplemente desaparecidas) entre 1937 y 1950, desarrollado bajo cobertura legal, al contrario de lo que sucedió en Argentina entre 1976 y 1983. El juez pide que se investiguen esos delitos, que no estarían prescritos ni amnistiados por ser crímenes contra la humanidad de carácter permanente.

Era uno los últimos enigmas de la dictadura, desconocido todavía por muchos españoles, a pesar de que dos libros lo contaron minuciosamente en el 2002, Los niños perdidos del franquismo, de Ricard Vinyes, Montse Armengou y Ricard Belis -surgido de un documental emitido por la televisión catalana- e Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas, escrito por Vinyes. Garzón incluye en su auto varios testimonios aportados en estas dos obras.

Cambio de apellidos
«Hubo 30.000 niños que fueron tutelados en un momento u otro por el Estado, que montó un aparataje legal que le permitía quedarse con la tutela arrebatándosela las familias, cambiarles los apellidos mediante la ley de 1941 para que los adoptaran adictos al régimen o secuestrarlos en el extranjero para repatriarlos», asegura Armengou.

Cuando los hijos de las presas cumplían tres años debían abandonar la cárcel y solían ingresar en el Auxilio Social y en centros benéficos del Estado y de la Iglesia católica. «Algunos terminaban en una familia que no era la suya, no sabemos cuántos», relata Armengou. «Hay casos de todo tipo, desde mujeres a las que les quitaban a sus hijos recién paridas y otros en que están de acuerdo con que vayan al internado y cuando salen de la cárcel ya no pueden recuperarlos», añade. «Se esperaba a que las mujeres embarazadas condenadas a muerte tuvieran el hijo, se lo llevaban y días después la fusilaban», explica Vinyes.

«Actualmente hay hombres y mujeres que todavía viven y no conocen su verdadera identidad, quiénes fueron sus padres; algunos lograron recuperar el nombre que les pusieron sus progenitores, otros prefirieron seguir llevando el de sus padres adoptivos», asegura el historiador Ricard Vinyes.
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Los niños perdidos del Franquismo.
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domingo, 23 de noviembre de 2008

Las republicanas encarceladas, la maternidad en las prisiones de Franco

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Las republicanas encarceladas, la maternidad en las prisiones de Franco

Vicenta Verdugo Martí

Ha saltado estos días a la prensa y medios de comunicación con motivo del auto del juez Baltasar Garzón y la memoria histórica, el tema de la desaparición de los niños durante el franquismo. Tema que ha investigado el historiador Ricard Vinyes. Hay que señalar que en el caso del País Valenciano, el estudio de la represión penitenciaria y las cárceles femeninas franquistas está poco investigado. Hemos intentado a partir de la exposición Presas de Franco que estuvo recientemente en la Nau de la Universitat de Valencia, hacer una primera aproximación al universo penitenciario femenino en Valencia. En relación a la problemática entre la infancia y los presidios femeninos del franquismo, conocemos casos como el de Pilar Soler, o el de María Pérez Lacruz, la Jabalina, que dieron a luz en la cárcel, en condiciones infrahumanas como relataba la propia Pilar no hace muchos años. Respecto a María Pérez Lacruz, cuyo proceso ha estudiado Manuel Girona, se desconoce cuál fue el destino de su hijo/hija, ya que cuando pasó de los calabozos de Gobierno Civil a la Prisión Convento de Santa Clara ya había dado a luz pero no aparece ninguna referencia sobre esta criatura. Por lo que es probable que su desaparición se debiera a lo que Vinyes ha calificado como zona de riesgo de pérdida familiar, para los hijos de presos y presas. Una situación no debida a episodios aislados, sino que se trató de un proyecto de reeducación masivo dirigido contra los más débiles, con un objetivo segregacionista dentro de las tesis eugenésicas defendidas por el psiquiatra Antonio Vallejo-Nágera, jefe del Ser vicio de Psiquiatría del Ejército de Franco. En otros casos, las presas convivieron con sus hijos en prisión. Así ocurrió con Águeda Campos, que tuvo con ella en la prisión Convento de Santa Clara a sus hijos Vicente y José Muñiz Campos. Después del fusilamiento de los padres, Vicente y José Muñiz pasaron el resto de su infancia y adolescencia en un hospicio valenciano.

UNA NUEVA MIRADA.
Hay que señalar a este respecto como los testimonios de los hijos e hijas de las presas que convivieron con sus madres en prisión, nos aportan a quienes nos dedicamos a la investigación histórica una nueva mirada. A través de ellos podemos conocer la vivencia de la infancia en las cárceles, un aspecto de la represión específico de las prisiones femeninas, que no aparece en el caso de las prisiones masculinas. Conocer sus vivencias posteriores en los hospicios, sometidos a una férrea disciplina nacionalcatólica en los que se les trató de reeducar, de la experiencia y el estigma de ser hijos de rojos. Los testimonios de las presas recogidos por Tomasa Cuevas o por la historiadora, Shirley Mangini, nos muestran la tragedia que para las mujeres presas era permanecer en la cárcel con los hijos: Todas las mujeres encarceladas afirmaban que la peor suerte era tener un hijo en la cárcel. Resulta paradójico que mientras que desde el nuevo Estado y la Iglesia, se exaltaba la maternidad y la protección a la infancia, a las mujeres republicanas encarceladas se las privaba de su derecho a ser madres en condiciones y a sus hijos de recibir los cuidados y atención necesarios. Es un deber de justicia, de defensa de los derechos humanos y de lealtad democrática, restablecer la dignidad de todas aquellas personas que sufrieron la represión por defender un régimen que había sido elegido democráticamente y con él la legitimidad y legalidad republicana.

*Historiadora, colaboradora en la investigación realizada sobre la represión penitenciaria femenina en Valencia en la exposición Presas de Franco.
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los niños de franquismo

¿Dónde está el hijo de María "la Jabalina"?

"Cuando las presas daban a luz las monjas se llevaban a los niños y luego decían que habían muerto"

Rafel Montaner, ValenciaTal vez esté a punto de celebrar su 69 ó 70 cumpleaños ajeno o ajena a que su pasado esconde una de las tragedias más duras que se vivió en las cárceles franquistas de la posguerra en Valencia: el robo de niños de las presas republicanas. Este ciudadano, o ciudadana, anónimo quizás nunca llegue a saber que su verdadera madre fue una joven presa anarquista del Port de Sagunt, María Pérez Lacruz, la Jabalina, a la que le arrancaron su bebé tras dar a luz en el Hospital Provincial de Valencia. El drama de esta muchacha, fusilada el 8 de agosto de 1942 en Paterna con sólo 25 años tras ser condenada a muerte en una farsa de juicio sumarísimo, ha sido documentado por el historiador Manuel Girona en su libro Una miliciana en la Columna de Hierro, María la Jabalina (Universitat de València, 2007).

Séptimo mes de gestación
Girona revela que el 4 de noviembre de 1939, María es trasladada de los calabozos del Gobierno Civil al Hospital Provincial, tras ordenar el gobernador su ingreso en el centro hospitalario "por hallarse en el séptimo mes de gestación", según consta en los documentos hallados por el historiador en el Archivo de la Diputación. El 9 de enero de 1940, una vez concluidos los nueve meses de embarazo, el catedrático responsable de la maternidad indica al director del hospital que María "está en condiciones de ser dada de alta", según escribe el historiador. La joven, que entonces tenía poco más de 22 años, es devuelta a los calabozos de Gobierno Civil y el 18 de enero ingresa en la prisión provisional de mujeres del convento de Santa Clara.

"El niño o niña que tuvo no se sabe dónde fue a parar. En su expediente penitenciario consta que tuvo un hijo, aunque no se especifica si fue chico o chica, pero no se sabe qué pasó con él", explica la historiadora Vicenta Verdugo, que ha investigado la represión penitenciaria que el franquismo ejerció sobre las mujeres en Valencia. "La desaparición de los hijos de las reclusas en el momento del parto fue una realidad practicada sin demasiados escrúpulos", ha escrito el historiador catalán Ricard Vinyes, el autor de Irredentas (Temas de Hoy, 2002), el estudio más completo que se ha realizado sobre las presas políticas y sus hijos en las cárceles de Franco.

El drama de María la Jabalina, según Verdugo, es una muestra de que las cárceles femeninas de la Valencia franquista -la Prisión Provincial de Mujeres, el convento de Santa Clara y el Reformatorio del Puig- "fueron, como dice Vinyes, una zona de riesgo de pérdida familiar" para las reclusas republicanas encarceladas junto a sus hijos. "En ningún registro -continúa- constan los niños que ingresaban con sus madres en las prisiones de Valencia". Este vacío impide conocer la magnitud del drama de estos menores, en su mayoría lactantes, que acompañaban a sus madres porque éstas no tenían con quien dejarlos. Muchas represaliadas tenían a sus maridos encarcelados y sus familias no podían hacerse cargo de los chicos.

Separación a partir de los 3 añosAdemás, una orden de 1940 facultaba al Estado a separar de sus madres a los hijos de las presas republicanas a partir de los tres años para ingresarlos en hospicios públicos o religiosos, momento en el que los padres perdían la tutela de sus hijos, que pasaban a ser reeducados en la afección al régimen. Una de aquellas niñas que vivió junto a su madre en las cárceles de Valencia es Julia Gómez Martín, que ahora tiene 71 años. Julia ingresó en abril de 1939, con sólo 20 meses, en el penal de Santa Clara y luego, tras un paréntesis de poco más de dos años -la tía que la acogió en Madrid murió y se quedó en la calle con tres años junto a sus primos de 8 y 10 años "comiendo por las basuras"- volvió otra vez a la cárcel, esta vez a la Prisión Provincial, con su madre. Tenía tres años y medio y allí estuvo seis meses que nunca olvidará. Su madre, Julia Martín de la Fuente, militante comunista fue condenada a muerte en un juicio sumarísimo, pena conmutada después por la de 30 años. Su padre, Joaquín Gómez, también comunista, era agente del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el espionaje de la República y pudo huir en el último barco que zarpó de Alicante. "A partir del momento que entré en la cárcel -cuenta- tengo todos los recuerdos del mundo. Recuerdo que había muchos niños y dormíamos en el suelo a razón de un ladrillo y medio por mujer, tuviera o no niños.

Comíamos lentejas todos los días: A las mujeres les echaban un cazo y a los niños medio... Teníamos que apartar con la cuchara los gusanos que flotaban en el cuenco". No ha olvidado tampoco como se llevaban a su madre por la noche para "darle palizas para que dijera dónde estaba mi padre". "Nos tenían todo el día en el patio de la cárcel, sin importarles que lloviera, hiciera frío o un sol de justicia", cuenta Julia, que también dice que "había sacas continuamente y las mujeres condenadas a muerte estaban aterrorizadas". Las madres, comenta, intentaban proteger a los niños de aquel ambiente, "y nosotros, jugábamos". De hecho, su madre no le contó hasta que salió de la cárcel que las embarazadas que daban a luz en prisión "si el padre de los niños estaba encarcelado o desaparecido y los abuelos no podían hacerse cargo de ellos, algunas veces las propias monjas cogían a los niños y se los llevaban diciéndoles 'tu no tienes leche y se te va a morir', luego les decían que se había muerto y nunca se sabía si, efectivamente, habían fallecido o qué había pasado con ellos", dice asustada.
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Un centenar de valencianos pide recuperar el dinero que les incautó el franquismo
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"La directora de la cárcel me miró y dijo: ´un perrito rojo´"

R. Montaner, Valencia

El régimen franquista ejerció una notable presión psicológica sobre los niños de las presas republicanas, a los que apartó de sus madres para educarlos en los principios del nacionalcatolicismo y en el odio a los rojos. Julia Martín tenía tres años y medio cuando se reunió con su madre en la Prisión Provincial, donde les obligaban a ir a misa a diario. Ese ambiente asfixiante en el que le tocó vivir no lo olvidará nunca, porque, dice, "hay cosas que se te quedan grabadas a fuego". La encargada de marcarle la memoria fue la directora de la cárcel, Natividad Brunete.

"En una ocasión la señora Nati me dijo, 'Julieta ¿Quieres a Franco? Franco es muy bueno...' y yo, contesté: 'No, porque por culpa de él mi madre está en la cárcel y mi padre no sé dónde está'. Entonces ella se me quedó mirando fijamente unos segundos y me soltó 'un perrito rojo'".Julia dice que en la cárcel tenía "dos madres". Habla de Angelita Sempere, una inspectora de Enseñanza de la República, militante del PCE condenada a muerte y luego a 30 años como su madre. La familia de Angelita la rescató de las calles de Madrid y se la devolvió a su madre en Valencia. Cuando cumplió cuatro años, la acogió y, con ello, su madre evitó que se la quitaran y la internaran en un hospicio religioso, ya que "todas las niñas eran enviadas a instituciones de la Iglesia", según el historiador Ricard Vinyes. Cuando iba a ver a su madre en los tres días al año en que los niños podían entrar a la cárcel -La Merced, Navidad y Reyes-, ella miraba a los niños y niñas que venían del hospicio "con baberos a rayas, pelados y ojerosos, y me decía 'Hija mía que suerte tienes'".

Los niños del hospicio
Julia, no comprendió lo que quería decir su madre hasta que presenció una escena entre uno de aquellos niños y su madre. "La mujer le preguntó '¿Que quieres ser de mayor?' y el pequeño le contestó 'Guardia Civil'. Ella se quedó helada y le espetó '¿Hijo mio, por qué? 'Para matar rojos', respondió el niño. Eso es para no olvidarlo".
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sábado, 22 de noviembre de 2008

Un auto para hacer justicia

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Un auto para hacer justicia

MIGUEL ÁNGEL MARFULL

El escrito de Garzón sorprende por su narración al detalle de los crímenes.

"Es el libro más apasionante que he leído en muchos años". El hispanista Ian Gibson elogió así el último auto del juez Baltasar Garzón. El fondo del escrito deja en manos de los juzgados ordinarios la investigación de los crímenes del franquismo, pero su forma relata de manera pormenorizada el terror que siguió a la Guerra Civil e incide en la necesidad de condenarlo. Debería ser "un anexo" de la Constitución, defendieron el pasado jueves los intelectuales firmantes de un manifiesto en apoyo al intento de recuperar la memoria colectiva que ha abierto el magistrado de la Audiencia Nacional.

"Los hechos son los que son, y este instructor no los ha inventado", escribe Garzón. Alejado de la ininteligible retórica judicial, el auto del juez explica por qué la dictadura franquista constituye una larga colección de crímenes contra la Humanidad. La locura nazi se juzgó en Nuremberg entre 1945 y 1949. El discurso de apertura de ese proceso, a cargo del fiscal norteamericano Robert H. Jackson, arranca también la esencia de los argumentos del juez Garzón: "Los pueblos, si callaran, participarían de estos crímenes, porque el silencio sería consentimiento".
El manifiesto de apoyo a la causa iniciada por el magistrado pide al Gobierno, precisamente, que hable, que se pronuncie con hechos para que "cumpla con su obligación de proteger a las víctimas".

Nuremberg contra el olvido
A lo largo de 152 páginas, Garzón repasa el nacimiento de la dictadura, que se saldó con más de 110.000 desaparecidos. El discurso de Nuremberg "era y es perfectamente aplicable a unos hechos ocurridos unos años antes en España, enmarcados en una actuación sistemática que la acción totalitaria de la época impuso en España, Italia y Alemania contra todos aquellos que tenían una ideología diferente o se integraban en grupos contra los que se dirigió el exterminio", explica el juez.

"Si el fiscal Jackson, en su acta de acusación contra los criminales nazis, hubiera utilizado el criterio que aplica el fiscal de la Audiencia Nacional [contrario a la iniciativa de Garzón], Nuremberg no habría existido", defiende el magistrado en su escrito.

El auto describe la represión franquista como una "actividad planeada y sistemática de desaparición y eliminación de personas por razones ideológicas". Garzón acusa en su texto el rechazo de los sectores más reaccionarios a la causa de la reparación de la memoria: "Las víctimas no se merecen una resolución que desconozca sus derechos ni la escenificación que cínicamente se está haciendo desde algunos sectores con una frivolidad difícil de calificar, apelando a los más bajos instintos y tratando de resucitar fantasmas de confrontación, cuando tan sólo se pretende dar una respuesta judicial demandada dentro del ámbito que se le reconoce en su derecho", escribe Garzón.

La impunidad y el olvido
¿Quedan impunes los criminales de la dictadura? "No es lo mismo declarar extinguida la responsabilidad de los principales cabecillas, por fallecimiento, que otorgarles la impunidad, el perdón y el olvido judicial", responde el juez. "Que una investigación sea difícil no significa que sea imposible", se justifica. El tiempo, y los 62 juzgados que heredan su causa, dirán.
El delito existió, y permanece, según Garzón. "¿Pero, y los posibles responsables?, estarán entre los 90 y 100 años, o muertos", responde. "¿Por qué los posibles represores españoles vivos deben ser de mejor condición que los nazis, cuando los hechos son similares, el tiempo es similar, y las víctimas corresponden al mismo segmento de población, nacionalidad e ideología? Realmente incomprensible", se lamenta el magistrado.

Eugenesia nazi en versión española
"En 1938, algunos miembros de las Brigadas Internacionales presos en San Pedro de Cardeña (Burgos) y mujeres presas republicanas en la Prisión de Málaga fueron sometidos a test físicos y psicológicos extraños", relata Garzón en su auto. La eugenesia nazi tuvo su versión española en el delirante intento del "psiquiatra en jefe de Franco, el doctor Antonio Vallejo Nájera para identificar las raíces psicofísicas del marxismo". "La enorme cantidad de prisioneros en manos de las fuerzas salvadoras de España permite efectuar estudios en masa", escribe Vallejo Nájera en 1938. Años después, este psiquiatra alertaba "sobre el daño que podía hacer el ambiente democrático en los niños", recuerda Garzón. En su escrito explica la idea franquista de "combatir la propensión degenerativa de los muchachos criados en ambientes republicanos, debiendo ser segregados en centros adecuados". Estas ideas "tendrían aplicación práctica inmediata en la posguerra, específicamente sobre los hijos de las presas republicanas encarceladas por motivos políticos", explica el magistrado.

Una dictadura de 40 años en 152 folios
La represión
"Los hechos son los que son, y este instructor no los ha inventado"
(Pág.130) Garzón defiende en su auto que "la acción criminal" desplegada por la dictadura fue "general y sistemática". "Por eso la Justicia debe actuar", señala.

Los delitos
"En tanto no se viabilice la ubicación de las víctimas, el delito continúa cometiéndose"
(Pág. 88) Los efectos de la represión no han prescrito, defiende el magistrado.
Las víctimas
"Las víctimas no se merecen una resolución que desconozca sus derechos"
(Pág. 138) El juez critica a continuación a quienes, desde la "frivolidad", advierten "fantasmas de confrontación" en su actuación.

Los responsables
"No es lo mismo declarar extinguida la responsabilidad de los principales cabecillas, por fallecimiento, que otorgarles la impunidad, el perdón y el olvido judicial, tildando sus acciones como mera represión política"(Pág. 138) Sobre la culpabilidad de Franco y los principales jerarcas de la dictadura.

La impunidad
"¿Por qué los posibles represores españoles vivos deben ser de mejor condición que los nazis cuando los hechos son similares?"
(Pág. 95) El juez Garzón se responde a sí mismo: "Realmente incomprensible", concluye.
Juicio de Nuremberg
"Los pueblos, si callaran, participarían de estos crímenes; el silencio sería consentimiento"
(Pág. 38) La esencia penal que permitió juzgar los crímenes nazis es "aplicable" a los crímenes franquistas, señala.

Los ‘niños perdidos'
"En España podría haberse desarrollado un sistema de desaparición de menores desarrollado bajo una aparente legalidad"
(Pág. 73) En su parte más emotiva, el auto rescata del olvido a los niños robados por la dictadura a sus madres, reclusas republicanas.

Críticas al fiscal
"Con el criterio del fiscal de la Audiencia, Nuremberg no hubiera existido"
(Pág. 129) Garzón replica así los argumentos de la Fiscalía de la Audiencia, que rechazó la investigación abierta por el magistrado.

La investigación
"Que una investigación sea difícil no significa que sea imposible"
(Pág. 130) Garzón cede ahora esta obligación de actuar a 62 juzgados provinciales.

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"Cuando las reclusas volvieron del patio, sus hijos ya no estaban"

El auto de Garzón recuerda que miles de hijos de presas fueron robados por la dictadura franquista en sus cárceles

M. Á. M - Madrid - 21/11/2008 22:00

En octubre de 1936, Amparo Barayón, esposa del escritor Ramon J. Sender, pasa sus últimas horas en la cárcel de Zamora antes de ser fusilada en las tapias del cementerio de la ciudad. En su carta de despedida, Amparo se dirige a su marido: “No perdones a mis asesinos, que me han robado a Andreína”. Así lo relata el historiador Santos Juliá en su libro Víctimas de la Guerra Civil (Temas de Hoy, 1999).

Andrea era la hija menor de la pareja. Tenía siete meses cuando fue arrebatada de los brazos de su madre. Ramón J. Sender pudo recuperarla dos años después. Tuvo la suerte que no acompañó a muchas presas de la posguerra, que fueron doblemente derrotadas. Perdieron la guerra y con el nuevo régimen impuesto, también a sus hijos. La represión femenina de la dictadura constituye un capítulo singular dentro del largo libro del franquismo. Cárceles como Ventas (Madrid), Saturrarán (Guipúzcoa), o Málaga son el escenario en el que se diluyó la identidad real de los niños perdidos del franquismo, cuya presencia ha rescatado el juez Baltasar Garzón en su último auto.

La Prisión de Madres Lactantes
La dictadura franquista “dio cobertura”, según el magistrado, a un “andamiaje pseudo jurídico” que facilitó la “sustracción sistemática de niños”. En enero de 1940, el ministerio de Justicia crea la Prisión de Madres Lactantes, en el número 5 de la Carrera de San Isidro –actual Paseo de la Ermita del Santo–, en Madrid. Las reclusas permanecían junto a sus hijos hasta que estos cumplían tres años. Sin embargo, la falta de garantías era lo único garantizado en las cárceles franquistas. “Desaparecían sin saber cómo”, cita Garzón en su escrito, reproduciendo un testimonio de la época.

"Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron", cuenta una reclusa

“Un día, cuando las madres salieron al patio con sus hijos, las monjas les dijeron que los niños tenían que quedarse dentro para un reconocimiento médico. Eran un centenar. Cuando las madres volvieron, los niños ya no estaban”. Esta denuncia aparece recogida en Los niños perdidos del franquismo, (Plaza y Janés, 2002), de los historiadores Ricard Vinyes, Montserrat Armengou y Ricard Belis. Lo recuerda así el vecino de una presa condenada a muerte. Su pena fue conmutada, pero perdió a su hijo. Otra reclusa encerrada en la misma prisión encontró a la suya poco después “en casa de unos militares, en Valencia”. Quien rememora estos hechos, no llegó a averiguar si pudo recuperar a su hija o no.

El nacional catolicismo franquista impuso la obligación de que los menores crecieran en un ambiente familiar “irreprochable” desde el punto de vista religioso, ético y nacional”, según la legislación de la época.

La cooperación de la Iglesia
“Las cifras de niños y niñas, hijos de presas, tutelados por el Estado (…) ascendía a 12.042 en 1944, la mayoría de los cuales estaban en centros religiosos”, recoge Vinyes en Irredentas (Temas de Hoy, 2002). La cita consta también en el último auto de Garzón, en el que se explica la cooperación necesaria de la Iglesia franquista para engrosar la lista de los niños perdidos de la dictadura.

“Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron”, cuenta una ex reclusa, Emilia Girón, en un testimonio recogido por Vinyes. Esta presa completa así sus recuerdos: “Si, por ejemplo, estás pariendo, viene un matrimonio que no tiene hijos y quiere reconocerlo, te lo quitan y lo llevan y nada más”.

Los niños perdidos fueron arrebatados a mujeres presas, robados en el momento del parto o capturados fuera de España entre los menores evacuados por el Gobierno republicano durante la Guerra Civil. La dictadura creó para tal fin la Delegación Extraordinaria de Repatriación de Menores, desaparecida en 1941 y sustituida por el Servicio Exterior de la Falange.

Otra mujer vio a su hija robada "en casa de unos militares, en Valencia"

“Su retorno fue utilizado por la propaganda franquista”, escriben Vinyes, Armengou y Belis. En Los niños perdidos del franquismo, los tres historiadores recuerdan el caso de un adolescente repatriado desde Berlín en 1942. Su madre supo del retorno de su hijo “por un diario”, relatan. Sus padres lo reclamaron, pero fue en vano; su petición fue denegada “por no ofrecer ninguna garantía sobre su educación”.

Garzón asegura que en España “podría haberse desarrollado un sistema de desaparición de menores de hijos de madres republicanas (muertas, presas, ejecutadas o simplemente desaparecidas) a lo largo de varios años, entre 1937 y 1950 desarrollado bajo la cobertura de una aparente legalidad, al contrario de lo que después ocurriría en Argentina entre los años 1976 y 1983, pero, precisamente por ello, con unos efectos más perdurables en el tiempo y más difíciles de detectar y hacer que cesen”.

Hasta hoy. Los niños perdidos del franquismo son ahora abuelos. Su identidad robada tiene ya 70 años.
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Auto del juez Garzón
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viernes, 21 de noviembre de 2008

Niños robados del franquismo

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Niños robados del franquismo

"Las monjas decían que éramos la piel del diablo"

El juez Garzón ha devuelto a la actualidad el drama de los niños robados del franquismo al alertar de que la dictadura "pudo haber propiciado la pérdida de identidad de miles de niños en la década de los años 40".

Rafel Montaner, Valencia

La herida más sangrante que dejó la Guerra Civil fue la de los miles de niños, hijos de presos republicanos, arrebatados de sus padres para ser reeducados en los principios del nacionalcatolicismo. Este drama ha sido devuelto a la actualidad por el juez Baltasar Garzón, que en el auto en el que se inhibe para investigar los desaparecidos del franquismo, alerta de que la dictadura "pudo haber propiciado la pérdida de identidad de miles de niños en la década de los años 40", al arrebatárselos a sus padres para educarles en la afección al régimen. El historiador catalán Ricard Vinyes, profesor de la Universitat de Barcelona, en su libro Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles de Franco (Temas de Hoy, 2002) cifra en más de 42.000 los niños que fueron apartados de sus padres entre 1943 y 1954, para ser tutelados por instituciones públicas o religiosas según los datos del Patronato estatal -primero de la Merced y después de San Pablo- para la redención de penas por el trabajo, que también era el encargado de gestionar el acogimiento de los hijos de los reos. Vinyes, en conversación telefónica desde Barcelona, sin embargo, aclara que esa cifra "podría ser mayor, puesto que en ningún Libro de Registro de las 17 prisiones de mujeres provinciales y centrales que he investigado se anotaron los hijos de las presas, en ninguno... Y eso, aparte de ser absolutamente ilegal, es el drama de estos niños, pues no sabemos cuántos entraron en las cárceles". Dos de esos miles de niños robados a sus progenitores, Vinyes recalca que "en el momento mismo que los hijos de las presas pasaban a depender del Patronato de la Merced sus padres perdían automáticamente la tutela de los mismos", son los valencianos Vicente y José Antonio Muñiz, dos hermanos que tenían seis y cuatro años cuando sus padres fueron fusilados en Paterna el 5 de abril de 1941.

"En la cárcel dormíamos en el suelo"Vicente apenas tenía 5 años cuando el y su hermano, con el que se lleva 14 meses, entraron en la cárcel de mujeres habilitada en el convento de Santa Clara con su madre. "Dormíamos en el suelo, al lado de mi madre, en la celda había muchas mujeres con niños y dejaban encendida una luz coloreada pequeñita que había en el techo para poder ir a orinar por la noche", recuerda. Vicente añade que siempre había una monja de guardia vigilando y que había tanta gente que "siempre me desorientaba cuando volvía de orinar y mi madre me guiaba con la voz para que no me perdiera". La situación del penal de Santa Clara, que por aquella época según revela el historiador Manuel Girona en Una miliciana en la Columna de Hierro, María la Jabalina (Universitat de València, 2007) contaba con 900 reclusas -la Prisión Provincial de Mujeres de Valencia estaba saturada con casi 1.500 detenidas- era lamentable. Vicenta Verdugo, del Institut d'Estudis de la Dona de la Universitat, escribe en el catálogo de la exposición Preses de Franco que se acaba de publicar que las celdas "habían de ser compartidas entre ocho reclusas en unas condiciones higiénicas penosas". Infanticidio en Santa ClaraDe hecho, el historiador Vicent Gabarda añade que la prisión de Santa Clara "presencia un auténtico infanticidio por falta de condiciones sanitarias". Según cuenta Gabarda en Els Afussellaments al País Valencià (publicado en 1993 y reeditado el año pasado por la Universitat), en las prisiones de mujeres de la Comunitat murieron 39 hijos de presas republicanas, 29 de ellos en Valencia.

Tras el fusilamiento de sus padres, los hermanitos Muñiz fueron internados en el asilo de San Francisco Javier del barrio de Campanar, un orfanato religioso sobre el que ahora se levanta la actual Conselleria de Educació.Regentado por las monjas de la Caridad de Santa Ana y San Joaquín, para Vicente aquellas religiosas "de caridad no tenían nada pues nos trataban a garrotazo limpio, el palo no se lo quitaban ni para dormir.". Relata que la "inmensa mayoría" de los 300 chicos y 200 niñas que había allí eran hijos de presas republicanas, con los que las monjas se ensañaban: "Nos decían que los rojos éramos de la piel del diablo y nos obligaban a cantar todos los días el Cara al Sol y Montañas nevadas, y nos repetían sin parar que el Caudillo era el Salvador".

Vicente también cuenta que un día quisieron darle en adopción: "Llegó un hombre diciendo que me quería adoptar un matrimonio que tenía mucho dinero y me iba a pagar los estudios para que me hiciera cura, a lo que yo me negué en redondo".

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Vinyes: "A las condenadas embarazadas las fusilaban tras dar a luz"

R. Montaner, Valencia

Ricard Vinyes, el principal historiador de la represión sobre los niños republicanos en España, cuenta que, a diferencia de Argentina, donde todos los robos de menores fueron clandestinos, "aquí el Estado no se escondía, sino todo lo contrario, estaba orgulloso de ello, porque era una operación de 'salvamento' de los niños. Creó una culpa pública en la que los hijos de los 'rojos' eran apartados de sus padres para ingresar en instituciones donde redimir los pecados de sus padres y la máxima expresión de esa purga era que esos niños se hicieran curas o monjas". El ideólogo de esta segregación fue, según Vinyes, el psiquiatra Antonio Vallejo-Nágera, jefe del Servicio de Psiquiatría del Ejército. El estudio del "Biopsíquismo marxista" que hizo con las mujeres de la prisión de Málaga, basado en las teorías delos congresos psiquiátricos de la Alemana nazi a los que asistió, le llevo a diseñar un programa de "eugenesia, protección y mejora de la raza en el que la única solución para los hijos de los 'rojos' era separarlos totalmente de sus madres".

Vallejo-Nágera, no sólo era el referente de la Psiquiatría española de la época "sino que su mujer era íntima amiga de la mujer de Franco", por lo que esta influencia se plasmó en una serie de leyes que a finales de 1939 y 1940 dieron paso a una gran depuración infantil que permitía separar a los niños de sus madres encarceladas cuando cumplían los tres años e ingresarlos en instituciones donde los padres perdían la tutela, pudiendo, por tanto, ser dados en adopción sin el permiso de sus progenitores.

Adopciones irregulares"
No hay documentación fiable sobre adopciones irregulares, solo tenemos indicios, pero no podemos ir más lejos porque el Tribunal Tutelar de Menores impide consultar sus archivos a pesar de que esos 'menores' ya tienen 60 o 70 años", resalta Vinyes. El caso más sangrante es el de las condenadas a muerte embarazas, cuyos hijos en la mayoría de los casos eran fruto de violaciones durante los interrogatorios. Aunque no siempre se cumplía, la ley prohibía ejecutar a las gestantes. "Las fusilaban apenas 48 horas después de dar a luz, algunas de ellas sentadas en una silla porque no podían tenerse en pie. ¿Qué pasaba con los niños? Ni idea, los sacaban de la prisión no se sabe dónde".
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Garzón alude a las investigaciones de un profesor de la UCLM en su auto sobre los desaparecidos del Franquismo

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Europa Press -

Garzón alude a las investigaciones de un profesor de la UCLM en su auto sobre los desaparecidos del Franquismo

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TOLEDO, 21 Nov. (EUROPA PRESS) -

La Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) informó hoy de que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha fundamentado parte de su auto sobre las desapariciones producidas durante el Franquismo en las investigaciones realizadas por el profesor de la UCLM, Miguel Ángel Rodríguez Arias, autor de varios trabajos situados en la misma línea conceptual, como el recien publicado "El caso de los niños perdidos del Franquismo".

Según informó la UCLM en un comunicado, en la resolución judicial del pasado martes, 18 de noviembre, Garzón trasladó la investigación de las desapariciones del Franquismo a los tribunales territoriales, y subrayó la vigente responsabilidad del Estado español en aquellos crímenes, cuestión ésta última que ha venido defendiendo el profesor Miguel Ángel Rodríguez, a quien el propio magistrado de la Audiencia Nacional cita en su auto.

Garzón se refiere expresamente al libro "El caso de los niños perdidos", en el que Rodríguez Arias analiza las desapariciones de hijos de los defensores de la República española tras la Guerra Civil, la actuación del Gobierno y la calificación jurídica de esas conductas, todo ello con el objetivo de dar a conocer a las víctimas las distintas posibilidades de acción que tienen a su alcance en la defensa de sus derechos humanos.

La obra, editada por Tirant Lo Blanch, recuerda que la condena del Consejo de Europa en 2006 a la dictadura franquista supuso el primer reconocimiento internacional del denominado caso de 'los niños perdidos', hijos de presas republicanas arrebatados a sus madres y cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias afines al régimen; pero también niños, según el autor, "impunemente" secuestrados en Francia y otros países para su 'reintegración a la patria' todavía en los cincuenta.

El juez Baltasar Garzón se refiere a estos desaparecidos en su auto, recogiendo las tesis del investigador del Instituto de Derecho Penal Internacional de la UCLM en torno a la responsabilidad del Gobierno de España "de conformidad con los tratados internacionales de derechos humanos, la desatendida Condena del Consejo de Europa de 17 de marzo de 2006 y el legado de Nuremberg, con especial referencia al Decreto Noche y Niebla de Hitler, que inauguraría esta clase de crimen contra la humanidad", según explicó el profesor Rodríguez Arias.

Miguel Ángel Rodríguez Arias es investigador del Instituto de Derecho Penal Internacional de la UCLM. Además de la monografía anteriormente reseñada, es autor de "Las fosas de Franco y la Diligencia debida del Estado ante el crimen de desaparición forzada de personas", y "La nueva ley de la memoria y la vulneración de los artículos 2 y 13 del Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos en el caso de lo desaparecidos del Franquismo", igualmente citados en el auto de Garzón.
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(“El caso de los niños perdidos del franquismo: crimen contra la humanidad”, de 436 páginas, publicada por la conocida editorial jurídica Tirant Lo Blanch, en el link http://www.tirant.com/monocnt?daId=154&patron=01 encontrarás mayor información sobre el mismo, si no se abre clicando directamente copia-pega sobre el navegador)
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jueves, 20 de noviembre de 2008

El franquismo arrebató la identidad a miles de niños


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Escrito por César Usán Supervía
jueves, 20 de noviembre de 2008

El juez Baltasar Garzón denuncia el robo "sistemático" de niños republicanos para darlos en adopción y educarlos en la ideología del régimen franquista

El magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar GarzónEl Juez Baltasar Garzón sostiene en el auto en el que se inhibe de la investigación sobre los desaparecidos en la Guerra Civil y el franquismo que as autoridades franquistas podrían haber desarrollado un plan "sistemático, preconcebido y con verdadera voluntad criminal" para el "robo" de menores hijos de madres republicanas muertas, presas, ejecutadas, exiliadas o simplemente desaparecidas entre 1937 y 1950, a los que luego se les cambiaba el apellido "para permitir su adopción por familias adictas al régimen".


Garzón: "[fue]Entre 1939 y 1949, a través de todo un entramado de acciones y organismos, sobre todo el Servicio Exterior de Falange"


Muchos ingresaron en las instituciones públicas del régimen (Auxilio Social) al estar sus progenitores encarcelados o desaparecidos.


Garzón, considera que la dictadura franquista "pudo haber propiciado la pérdida de identidad de miles de niños en la década de los años 40", al arrebatárselos a sus padres para educarles según las directrices de la dictadura.En el auto, el magistrado mantiene que una de las razones para sostener que los delitos cometidos por el régimen de Franco no han prescrito es precisamente la existencia de víctimas "que puedan estar vivas".


Garzón se refiere concretamente a aquellas que, durante su infancia, "fueron sustraídas legal o ilegalmente (...) y los que fueron 'recuperados' contra la voluntad, o sin ella, de sus progenitores en el extranjero, entre 1939 y 1949, a través de todo un entramado de acciones y organismos principalmente el Servicio Exterior de Falange".


El franquismo, añade, "acometió una segregación infantil que alcanzaría unos límites preocupantes y que, bajo todo un entramado de normas legales, pudo haber propiciado la pérdida de identidad de miles de niños en la década de los años 40, en aras a una más adecuada preparación ideológica y la afección al régimen".


Según el juez, en abril de 1942 el gobierno francés de Vichy clausuró los centros de refugiados en los que quedaban españoles.


Los hombres fueron enviados a Mathausen o Auschwitz, y las mujeres y los niños, a España. De estos, muchos ingresaron en las instituciones públicas del régimen (Auxilio Social) al estar sus progenitores encarcelados o desaparecidos.


"Actuando de forma clandestina consiguieron que muchos de los niños, no reclamados o con sus progenitores en prisión, fueran reacomodados y no tuvieran la posibilidad de conocer sus señas de identidad auténticas", dice el auto.


Una gran mayoría de 'recuperados' y que según el documento, lo eran sin que mediara reclamación de las familias, no fue reintegrada a las mismas, especialmente si se tiene en cuenta el criterio de la legislación y normas dispuestas sobre la inidoneidad de las familias republicanas para la educación de los menores en el nuevo Estado.

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martes, 11 de noviembre de 2008

El investigador de la UCLM Miguel Ángel Rodríguez publica el libro "El caso de los niños perdidos del franquismo"

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El investigador de la UCLM Miguel Ángel Rodríguez publica el libro ...

El investigador de la UCLM Miguel Ángel Rodríguez publica el libro "El caso de los niños perdidos del franquismo"

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Memoria.- Garzón se declara competente para investigar los crímenes cometidos en la Guerra Civil y Franquismo (16/10/2008)

TOLEDO, 11 Nov. (EUROPA PRESS) -

El investigador de la UCLM Miguel Ángel Rodríguez ha publicado el libro "El caso de los niños perdidos del franquismo", en el que da a conocer a las víctimas las distintas posibilidades de acción que tienen a su alcance ante los organismos internacionales de Derechos Humanos.

En nota de prensa la universidad regional, explicó que tras dos años de investigación, y precedido por las actuaciones del juez Baltasar Garzón de las últimas semanas sobre los desaparecidos en las fosas comunes, el profesor e investigador del Instituto de Derecho Penal Europeo e Internacional de la UCLM, Miguel Ángel Rodríguez Arias, acaba de sacar a la luz "El caso de los niños perdidos del franquismo. Crimen contra la humanidad", editado por Tirant Lo Blanch.

El profesor e investigador del Instituto de Derecho Penal Europeo e Internacional de la UCLM analiza las desapariciones de hijos de los defensores de la República española tras la Guerra Civil, la actuación del Gobierno y la calificación jurídica de esas conductas, todo ello con el objetivo de dar a conocer a las víctimas las distintas posibilidades de acción que tienen a su alcance en la defensa de sus derechos humanos.

La condena en marzo de 2006 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa a la dictadura franquista supuso el primer reconocimiento internacional del denominado caso de "los niños perdidos", hijos de presas republicanas arrebatados a sus madres y cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias afines al régimen; pero también niños, según el autor, "impunemente" secuestrados en Francia y otros países para su 'reintegración a la patria' todavía en los cincuenta.

Para el autor de esta obra ellos son "los otros desaparecidos, los desaparecidos en vida", muchas veces buscados por sus hermanos y familiares durante décadas y que aún hoy siguen desconociendo su verdadera identidad al igual que en los casos de las Abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, o del robo de niños aborígenes de las Stolen Generations en Australia.

La asociación Jueces para la Democracia ya se ha pronunciado públicamente a favor de la apertura de los casos de niños desaparecidos durante el régimen franquista y la confección de un listado de todos ellos en paralelo con la investigación y apertura de las fosas comunes autorizada por el juez Baltasar Garzón.

Miguel Ángel Rodríguez Arias es autor de otras publicaciones previas en las que también aborda el tema de los desparecidos del franquismo como crimen contra la humanidad, como son "Las fosas de Franco y la diligencia debida del Estado ante el crimen de desaparición forzada de personas" y "La nueva ley de la memoria y de la violación de los artículos 2 y 13 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos en el caso de los desaparecidos del franquismo".

Asimismo, cuenta en su haber con cuatro premios de investigación en los certámenes jurídicos Rafael Melchor de Macanaz, Pedro Dorado Montero, Cesare Beccaria Award y García Goyena por distintos trabajos en materia de crímenes internacionales. Actualmente Rodríguez Arias se encuentra desarrollando una estancia de investigación en la Universidad de Milán (Italia).
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¿DONDE ESTA?

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IN MEMORIAN